lunes, 2 de enero de 2017

El año de los autócratas


                                 El año de los autócratas Foto/AFP



Casi sin darnos cuenta, la sorpresiva victoria de Donald Trump en 2016 y su inminente arribo al poder en este enero de 2017, han marcado un punto de no retorno para Estados Unidos. Un desafío inquietante para su democracia y un suspenso para su maltrecho sistema de representación política.

¿Que sorpresas traerá consigo la presidencia de Donald Trump para Estados Unidos y todo el mundo?, se preguntan hoy millones de ciudadanos en todo el orbe.

Por lo pronto, una cosa es segura. El ascenso al poder de Donald Trump marcará el inicio de un año en el que los autócratas de todo el mundo pisarán con paso firme. Avanzarán con una mancha triunfal tras el avance de la extrema derecha en países como Francia, Alemania, Hungría y Holanda y el asalto de fuerzas populistas y nacionalistas que amenazan con descarrilar el viejo proyecto de la Unión Europea.

Herfried Münkler, profesor de teoría política en la Universidad de Humboldt en Berlin, considera que tras un año lleno de sorpresas y fenómenos imprevistos, el 2017 estará lleno de escollos en el camino.

“Hemos entrado en una era en donde el fenómeno de los autócratas dejará de tener un carácter limitado en ciertos países del Tercer Mundo”, vaticinó.

Por un capricho de la historia (parafraseando al presidente Barack Obama), el 2017 será un año dominado por el desfile triunfal de autócratas como Vladimir Putin, Bashar al-Assad o Tayyip Erdogan.

Un club al que dentro de muy poco se sumará el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su corte de herederos, generales y multimillonarios.

Desde su torre de twitter, Trump lanza vaticinios preocupantes en materia de armamento nuclear. O predica sobre las bondades de una carta escrita por Vladimir Putin en este fin de año para pedir al gobierno entrante de Trump “restablecer el marco de cooperación conjunta”, haciendo de lado la peor etapa en las relaciones de Estados Unidos por la invasión rusa a Crimea y Ucrania y el bombardeo criminal sobre la ciudad de Aleppo, en Siria.

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos han marcado el triunfo del populismo y el inesperado resurgimiento de tendencias nacionalistas y fascistas no vistas desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Enemigos inveterados de Estados Unidos, como el Ayatolá Ali Khamenei, celebran divertidos el resultado de unas elecciones que han dado la victoria a Donald Trump:

“Estas elecciones han revelado la verdadera naturaleza de Estados Unidos… Sus valores humanos han quedado en entredicho”, aseguró recientemente en un comentario que ha dejado entrever las ventajas que, para los integristas y los radicales, traerá consigo la presidencia de Donald Trump.

Por lo pronto, uno de los grandes beneficiarios de esta victoria es el presidente de Siria Bashar al-Assad, quien podrá asegurar la continuidad de su régimen gracias a su alianza con Vladimir Putin y las buenas relaciones de éste con Donald Trump.

Otro de los grandes beneficiarios, será el presidente turco, Tayyip Erdogan, el hombre que ha sobrevivido a un encarnizado golpe de Estado y que representa la más segura apuesta de Estados Unidos y la Unión Europea para mantener a raya la crisis de refugiados y de seguridad en Siria.

Una apuesta que, como quedó demostrado tras el atentado terrorista del pasado 31 de diciembre en una discoteca de Estambul, tendrá un precio muy doloroso y elevado.

Con toda seguridad, durante la presidencia de Donald Trump Erdogan será un aliado indispensable de su gobierno para contener la marea de refugiados y reforzar los lazos con Rusia.

A nivel doméstico, las tendencias autócratas y el nepotismo desembozado de Donald Trump son celebrados en estados como Wisconsin, Michigan, Ohio o Pennsylvania donde su inesperada victoria termino de fraguarse.

No así en estados como California, donde Hillary Clinton derrotó a Trump con un margen de más de 4 millones de votos, y donde sus líderes políticos han comenzado a hacer causa común para dar vida al movimiento de resistencia que buscará parar los pies a un autócrata en ciernes como Trump.


Precisamente, California promete ser uno de los más importantes frentes de batalla del movimiento en defensa de los derechos de los inmigrantes indocumentados, ante la promesa de Donald Trump de expulsar a millones una vez que asuma la presidencia el próximo 20 de enero.

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