jueves, 25 de mayo de 2017

Gringo bueno… Gringo malo.


                                                                                                Foto/AFP


J. Jaime Hernández


El inicio de la era Trump se ha convertido en un aguafuerte de la realidad donde las obras de los buenos y los malos resaltan hoy más que nunca.

Las buenas obras de quienes se oponen a los caprichos del poderoso, o plantan cara a los odios del matón o al viejo demonio racista, destacan aún más en esa realidad de claroscuros y contrastes donde las obras de los “gringos buenos” —en palabras de nuestros inmigrantes—, demuestran que, quizá, Estados Unidos sigue teniendo esperanza para aquellos que hoy dudan (con toda razón) de su proverbial “excepcionalismo”.

Entre este grupo de los “gringos buenos”, podríamos incluir al gobernador de Virginia, Terry McAuliffe, quien esta misma semana decidió indultar a la inmigrante de origen salvadoreño, Liliana Cruz Méndez, por haber conducido sin licencia en diciembre de 2013.

"Hoy absolví a Liliana Cruz Méndez por una ofensa menor de tránsito que podría contribuir a su deportación", aseguró el gobernador demócrata a través de su cuenta de twiter, en un acto de solidaridad sin precedentes hacia una familia que huyó de la violencia de las pandillas en El Salvador.

Habría que decir que, aunque el gesto de McAuliffe ha sido encomiable, su buena obra podría no ser suficiente para salvar a Liliana Cruz, madre de dos pequeños de 4 y 10 años, de la remoción.

Pero, sin lugar a dudas, su perdón mejorará considerablemente sus posibilidades ante el juez que tendrá que decidir su deportación o su permanencia en Estados Unidos, a donde llegó buscando refugio hace ya más de 10 años.

En este sentido, el ejemplo de Terry McAuliffe ha demostrado que, a pesar de Donald Trump, algunos ciudadanos de Estados Unidos siguen siendo capaces —parafraseando a Abraham Lincoln—, de apelar a los mejores ángeles de su naturaleza.

Un segundo ejemplo de “buen gringo” es el senador demócrata por el Estado de Pennsylvania, Bob Casey. Conocido por su temperamento mesurado, Casey ha sorprendido a muchos al colocarse a la cabeza de un movimiento de resistencia contra Donald Trump en el frente de la inmigración indocumentada.

A comienzos de mayo, Bob Casey decidió salir en defensa de una madre indocumentada de origen hondureño y de su hijo de apenas de 5 años. A través de su cuenta de twiter y mediante cartas dirigidas a la Casa Blanca, Casey inició una intensa campaña para evitar la expulsión de esta inmigrante que huyó de la violencia en Honduras hace un año y medio.

“Esto es urgente…Este pequeño y su madre temen por sus vidas en caso de ser deportados a Honduras”, aseguró Casey en una carta dirigida al presidente Donald Trump.

Pero los intentos de Casey, uno de los senadores demócratas conocidos por su ferviente catolicismo, cayeron en saco roto. En cuestión de horas, el pequeño de 5 años y su madre fueron embarcados rumbo al aeropuerto de Tegucigalpa.

En muchos sentidos, Terry McAuliffe y Bob Casey son el mejor ejemplo de los “gringos buenos” que destacan por sus obras y acciones ante un personaje como Donald Trump, evidentemente, el “gringo malo” en esta película.

San Agustín solía decir que, “cuanto mejor es el bueno, tanto más molesto resulta para el malo”.

Pero en el caso que nos ocupa, ni a Donald Trump, ni a otros que le han antecedido en esta cruzada anti inmigrante, les quita el sueño su comparación con aquellos que como Bob Casey, Terry McAuffley, Barack Obama o Ronald Reagan, mostraron más compasión hacia la comunidad inmigrante.

Por lo que toca a Obama, no es que se le pueda considerar como el santo patrón de la comunidad migrante. La expulsión de más de 2 millones de indocumentados durante su administración sólo demostró los alcances de su poder presidencial y su propia incapacidad para rehuir de esa infame práctica de “pastoreo electoral” de los demócratas hacia la comunidad hispana, con promesas de una reforma migratoria que han sido incapaces de hacer realidad.

A pesar de ello, su rechazo a la conocida retórica anti inmigrante de personajes como el presidente, Donald Trump; o del ex alguacil de Maricopa, Joe Arpaio; o del congresista por California, Dana Rohrabacher, o del fundador del movimiento de los Minuteman, James Gailchrist, lo colocan en las antípodas y lo convierten, casi por defecto, en lo más parecido a un simpatizante de la causa que hoy afecta a más de 11 millones de indocumentados.

A propósito de “gringos buenos”.

Hace más de 12 años, conocí a Parker Duncan, en aquel entonces un médico recién graduado de la Universidad de California en Irvine. Mientras cursaba el último año de su carrera, Parker realizaba sus prácticas hacia ambos lados de la frontera y se familiarizaba con el español y los ancestrales remedios de la comunidad hispana para cuidar de su salud.

Aún recuerdo aquella conversación que mantuvimos, mientras atendía a unos inmigrantes que lo buscaban porque sabía hablar español:

"Prefiero ir a la cárcel antes que denunciar a un indocumentado”, me dijo este médico al que los pacientes bautizaron desde entonces con el sobrenombre del “gringo bueno”.


“Prefiero ir y marchar a las puertas de la Asamblea legislativa en Sacramento antes que marginar o servir de instrumento para castigar y hacer sufrir más a esta población que sólo ha venido a buscar trabajo y un mejor futuro para su familia…”

lunes, 15 de mayo de 2017

De la iniciativa para financiar el Muro con la fortuna de “El Chapo”



                                         Imagen de la frontera entre México y EU      foto/AFP

En medio de un acalorado debate a favor y en contra del muro que Donald Trump pretende construir en la frontera con México, el senador por Texas y fallido candidato presidencial, Ted Cruz, ha tenido la “genial” ocurrencia de proponer la llamada “Iniciativa El Chapo”.

¿En qué consiste esta propuesta?. Pues básicamente en crear y dar contenido a una legislación que —en caso de ser aprobada y, sobre todo, implementada—,  destinaría los fondos incautados a Joaquín “El Chapo” Guzmán para financiar la expansión del infame muro.

Nada más anunciar su propuesta, una larga lista de medios de comunicación se vieron enganchados para ofrecerle así a Ted Cruz la cuota de cobertura mediática que necesita para mantener vivas sus aspiraciones como candidato presidencial en el 2018.

O quizá, como futuro magistrado del Tribunal Supremo.

Para los menos incautos resultó evidente que esta propuesta tendría que recorrer un largo y sinuoso camino antes de convertirse en ley.

Y, ello, sin tomar en cuenta el tiempo y el elevado grado de dificultad que tendría que afrontar el Departamento de Justicia antes de determinar el monto real  para, acto seguido, incautar la fortuna de Joaquín “El Chapo” Guzmán con el permiso del gobierno de México.

Suponiendo, por supuesto, que el gobierno mexicano dé su brazo a torcer para que, una parte de la fortuna de “El Chapo” Guzmán, sea destinada para completar el Muro.

Una bolsa que, si hacemos caso a los cálculos de algunos fiscales, podría ascender a los 14 mil millones de dólares. Una cifra que, sin embargo, nadie ha sido capaz de corroborar dado el tiempo invertido por “El Chapo” en la construcción de su imperio (más de 30 años) y la dimensión de una empresa multinacional con más de 150 mil operadores, sicarios, empleados y prestanombres en distintas partes de México, Estados Unidos y otras naciones.

Pero, asumiendo por un momento que la iniciativa de ley es aprobada y el Departamento del Tesoro es capaz de convencer al gobierno de México, para que renuncie a su parte de estos hipotéticos 14 mil mil millones de dólares para financiar el muro, la gran pregunta que muchos se hacen es si acaso estos fondos serían suficientes para blindar la frontera.

Una empresa que, según cálculos conservadores del Departamento de Seguridad Interna (DHS), requiere de una inversión mínima de 21,600 millones de dólares.

Si éstas cifras están en lo correcto, la administración de Donald Trump se quedaría muy corta para completar el muro.

En este contexto, una propuesta alternativa que nos atrevemos a sugerir al senador Ted Cruz, es la de confiscar las multimillonarias ganancias que ha obtenido durante varias décadas uno de los más importantes aliados de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Nos referimos a la banca de Estados Unidos que ha sido la gran beneficiaria del lavado del dinero proveniente del narcotráfico. Y, a pesar de que la llamada Acta contra el lavado de dinero criminaliza éste tipo de actividad ilegal desde 1986,
ninguno de sus directivos ha sido tratado como un criminal o pisado una cárcel.

Como se recordará, en 2010 el Banco Wachovia --hoy Wells Fargo--,  se vió obligado a suspender sus operaciones de lavado de dinero en medio de una investigación judicial que le obligó a pagar una multa de 160 millones de dólares luego de haber movilizado más de 420 mil millones de dólares a través de la frontera.

Posteriormente, en 2012, el banco HSBC se vio obligado a cortar la cabeza de varios de sus ejecutivos y llegar a un acuerdo con el Departamento de Justicia para pagar una multa de 1,920 millones de dólares por el lavado de decenas de miles de millones de dólares.

Pero, a pesar de la gravedad del delito, ningún directivo de HSBC pisó la cárcel.

El problema es que, en Estados Unidos, estos son delitos criminales que siguen sin tratarse, ni castigarse como tales, a pesar de que algunos bancos son los que están alimentando a los cárteles.

Porque el dinero que ellos lavan a través de su estructura financiera es el oxígeno que les permite a los capos de la droga comprar armas, contratar sicarios, corromper a políticos, socavar gobiernos o eliminar a sus adversarios.

Así es que, más que preocuparse en los fondos de “El Chapo”, Ted Cruz haría muy bien en apuntar sus baterías contra la banca y sus multimillonarias ganancias por el lavado de dinero proveniente de la droga.

Seguro que, un buen pellizco de esos recursos le permitiría completar el Muro fronterizo.

El problema es que, al hacerlo, elevaría inevitablemente los precios por el trasiego fronterizo de los cargamentos de heroína, metanfetaminas y armas.

Es decir, más que una solución para la seguridad fronteriza, la iniciativa sería un negocio redondo para el crimen organizado transnacional que durante más de 40 años ha demostrado no sólo una formidable flexibilidad para adaptarse a los cambios y estrategias en materia de seguridad que se cocinan en Washington.

Sino que, además, se ha convertido en el principal beneficiario de las políticas prohibicionistas y de la militarización de la franja fronteriza.