martes, 29 de agosto de 2017

Los compadres del Fascismo



                                                                                   Foto/AP           


J. Jaime Hernández


Albert Camus solía decir que “toda forma de desprecio, si interviene en política, prepara o instaura el fascismo”.

Pues bien. Eso es precisamente lo que ha estado haciendo Donald Trump. Como cuando perdonó al ex alguacil, Joe Arpaio, el hombre que creó su propio campo de concentración para inmigrantes mexicanos en el condado de Maricopa, en Arizona.

Que hizo del odio hacia el inmigrante hispano su mejor reclamo electoral para mantenerse en el cargo durante casi 30 años.

Pero, Trump ha hecho también alarde de sus reflejos fascistas cuando defendió a los grupos neonazis y supremacistas blancos que llegaron a Charlotsville, Virginia, para advertir que no se dejarán desplazar por la nueva realidad demográfica en Estados Unidos.

Una que, por cierto, ha llegado para quedarse.

Durante los últimos años, Donald Trump ha sido un entusiasta pupilo de Joe Arpaio. De hecho, podría decirse que el ex alguacil ha sido el mejor mentor del hoy presidente de Estados Unidos.

Entre ambos han hecho del linchamiento contra inmigrantes mexicanos, y de las continuas mentiras y embustes, una poderosa herramienta para justificar su desprecio racista hacia una comunidad que desde el siglo XIX ha sido objetivo de un sistemático linchamiento físico y retórico desde esa comunidad blanca que nunca ha terminado de aceptarlos como iguales.

(Se recomienda lectura de “Forgotten Dead: Mob Violence Against Mexicans in the United States, 1848-1928.”)

Por lo tanto, ¿realmente ha sido sorpresivo el perdón presidencial de Trump hacia alguien que considera su principal mentor?

Aquí, algunas muestras de esas enseñanzas:

En el verano del 2010, el entonces alguacil de Maricopa, Joe Arpaio, convocó a los medios de comunicación para denunciar que había sido amenazado por el cartel de Juárez:

“Han ofrecido un millón de dólares por mi cabeza. Me quieren matar por mi lucha contra la inmigración ilegal, contra el narcotráfico. Pero no me van a intimidar porque es importante deshacernos de este caos y esta violencia hacia ambos lados de la frontera que está vinculada a la inmigración indocumentada.”

La supuesta amenaza del cartel de Juárez fue investigada por el FBI. La oferta de un millón de dólares por la cabeza de Arpaio resultó ser una patraña. Pero, la supuesta amenaza del cartel mexicano, en aquel entonces liderado por Vicente Carrillo Fuentes, permitió al hoy ex alguacil recaudar mucho dinero para financiar su campaña a la reelección.
Y, al mismo tiempo, presentar a Joe Arpaio como el “héroe” capaz de hacer frente a la amenaza de la inmigración indocumentada y a los carteles mexicanos de la droga.

En julio de 2015, un mes después de anunciar su candidatura a la nominación presidencial por el partido republicano, Donald Trump denunció las supuestas amenazas del líder del cartel de Sinaloa, Joaquín “El Chapo” Guzman.

La presunta amenaza de “El Chapo Guzmán”, le había llegado desde una cuenta de twiter no autentificada.

“Se van a tragar sus palabras… Y luego porqué los matan”, decía el mensaje del capo sin hacer una alusión directa a Donald Trump.

En un mensaje desde su cuenta de twitter, Trump anunció que había demandado la intervención del FBI para investigar esta amenaza y decidió reforzar su vigilancia con hombres colocados “hasta en los árboles” para protegerse del fantasma de “El Chapo”.

Trump pidió además a los medios de comunicación y a sus críticos una disculpa pública por haber puesto en tela de juicio sus ataques contra los inmigrantes, a quienes presentó como criminales, traficantes de droga y violadores.

“Se los dije”, tronó desde su cuenta de twitter.

Otro ejemplo:

En 1992, Joe Arpaio y su esposa lanzaron una iniciativa para vender boletos para un viaje al espacio que tendría como objetivo conmemorar el 500 aniversario del viaje de Cristobal Colón al Continente americano.

El supuesto viaje, nunca se realizó. Arpaio nunca se disculpó por haber estafado con un proyecto que ni siquiera llegó a la fase de construir la nave, y sólo llegó a vender una veintena de boletos a través de una agencia de viajes de su propiedad en Scottsdale, Arizona.

En el año de 2004, Donald Trump se asoció para fundar la Universidad Trump. El objetivo, era preparar a las nuevas generaciones para ese mundo de éxito empresarial del que siempre ha presumido Trump.

El proyecto no llegaría muy lejos. Tras un rosario de demandas, por fraude y mala fé del empresario, la Universidad Trump fue condenada a reparar los daños.

En noviembre de 2016, después de ganar las elecciones, Trump aceptó llegar un acuerdo millonario para cerrar el caso.

Como se ve, Donald Trump sólo aprendió de las muchas artimañas del ex alguacil de Maricopa para beneficiarse de estafas y hacerse con el apoyo de la base más racista y extremista en Arizona, el Estado que marcó el principio de la victoria para el hoy presidente de Estados Unidos.

Por ello mismo, Trump no podía dejar de perdonar a su amigo, Joe Arpaio. Su aliado y compadre en el arte de agitar el odio racista y preparar el terreno para el viejo demonio fascista.


miércoles, 23 de agosto de 2017

De las amenazas de Donald Trump a México

                                                                                                                    foto/AFP


J. Jaime Hernández


Desde su campaña por la presidencia, Donald Trump no ha dejado de sorprendernos con esa narrativa infecta de odio racista y comentarios derogatorios hacia México y su comunidad inmigrante en Estados Unidos.

Es lo que, en palabras de una de sus principales asesoras, Kellyanne Conway, ha definido como “los hechos alternos”. Es decir, la otra realidad que Trump ha sabido explotar en beneficio de su cruzada contra las minorías y para agitar, con sorprendentes resultados electorales, a las fuerzas vivas del conservadurismo y sacar a flote los peores instintos del hombre blanco y poco educado.

Pero, también para resucitar los viejos demonios del Klu Kux Klan y los neonazistas, en esa tierra del nunca jamás para la era post racial.

Hoy, cuando muchos viven pendientes del proceso de renegociación del TLCAN entre México, Estados Unidos y Canadá, Trump ha decidido que necesita lanzarse nuevamente contra sus socios y vecinos mexicanos:

“En lo personal, no creo que podamos llegar a un acuerdo (con México) con el TLCAN porque se han aprovechado mucho de EU. Así es que, llegado a un punto, creo que liquidaremos el TLCAN”, dijo Donald Trump durante el discurso que lanzó desde Phoenix, Arizona, para tratar de azuzar y acorralar nuevamente al gobierno de México.

A las pocas horas, el Secretario de Relaciones Exteriores, Luis de Videgaray, se vio obligado a echar mano de los medios para tratar de quitar hierro al asunto. Para reducirlo todo a una mera triquiñuela de Trump.

“Lo que estamos viendo con mucha nitidez es una estrategia de negociación en la que un hombre que lleva toda la vida negociando con un estilo muy peculiar, un estilo sin duda agresivo, incluso escribe un libro al respecto, sobre cómo se debe negociar. Creo que esto no es una sorpresa, lo hemos escuchado durante muchos meses”, dijo Videgaray en una entrevista.

El objetivo de Videgaray, ha sido el de tranquilizar al personal. Sobre todo al siempre quisquilloso mercado bursátil. Y, al mismo tiempo, lanzar un mensaje a la Casa Blanca:

Algo así como: a otro perro con ese hueso. Nosotros ya conocemos las tácticas del señor Trump.

De un tiempo acá, los funcionarios del más alto nivel en el gobierno de México se han convertido en habilidosos intérpretes de las tácticas y hasta del lenguaje del presidente de Estados Unidos.

En cierto sentido, se han convertido en expertos conocedores del universo paralelo de Donald Trump.

Pero, para alcanzar ese nivel de expertise, los integrantes del gobierno de México, incluyendo a su presidente, se han dejado muchos pelos en la gatera. Han sufrido en carne propia la humillación de un personaje acostumbrado a insultar y a tratar como piltrafas a sus interlocutores.

Ahí esta el perturbador contenido de la conversación telefónica con el presidente de México el pasado 27 de enero, cuando le ofreció ayuda militar para eliminar a los carteles de la droga y, de paso, le echó en cara el no haber hecho “un buen trabajo” en ese terreno.

El problema, incluso para el más experto conocedor de los trucos de Donald Trump, es la continua tendencia del presidente de EU a insultar, mentir y a embestir. A tal grado que no pocos en el seno de la comunidad de inteligencia y del partido republicano han comenzado a poner en entredicho su salud mental.

Bob Corker, senador republicano por Tennessee, y una de las voces más ponderadas en el Congreso, ha puesto en duda “la estabilidad (emocional) y la competencia (mental)” de Donald Trump para garantizar una gestión exitosa de su presidencia.

Mitch McConnel, el líder de la mayoría republicana en el Senado, ha llegado al extremo de sugerir que Trump será incluso incapaz de “salvar” su presidencia.

Y, en las últimas horas, el ex director de la Agencia Nacional de Inteligencia, James Clapper, ha llegado a definir la actual situación como un estado de “crisis” permanente en donde ha quedado en evidencia la incapacidad de Donald Trump para seguir en la oficina oval de la Casa Blanca:

Encuentro esta situación "muy aterradora y preocupante… Realmente cuestiono su aptitud para estar en esa oficina, y también estoy empezando a preguntarme sobre sus motivaciones … tal vez él está buscando una salida”, aseguró Clapper en una entrevista con la cadena CNN.

Aunado a ello, Donald Trump enfrenta un otoño incierto.

La investigación en curso para determinar si, acaso, hubo colusión entre su campaña y Vladimir Putin. Su fracasado plan para derogar la ley de salud de Barack Obama y la falta de apoyos en el Senado para sacar adelante su iniciativa para financiar y construir el Muro fronterizo con México, lo han convertido en una bomba de relojería.

En este contexto, México se podría convertir en el chivo expiatorio de Donald Trump durante el arduo e incierto proceso de renegociación del TLCAN. Un proceso que apenas comienza y en el que el representante de EU, Robert Lighthizer, ya ha dejado en claro que no piensa ceder un palmo a la hora de exigir a México mayores concesiones, particularmente, en el espinoso tema de las reglas de origen.

¿En este ambiente de animosidad y creciente urgencia de Donald Trump por un éxito de su presidencia, los profesionales de la diplomacia serán capaces de salvar al TLCAN?

¿O asistiremos a un arrebato más de Donald Tump para liquidar de una vez por todas el polémico acuerdo, en medio de una desesperada huída para salvar su presidencia?


Sólo el tiempo lo dirá. Y sospecho que ni los más habilidosos interpretes de Donald Trump son capaces hoy de asomarse a la cabeza del presidente de EU para conocer la respuesta.

martes, 1 de agosto de 2017

La caída del alguacil “más duro” de Estados Unidos


Foto/AP



J. Jaime Hernández


Pocas veces uno tiene la oportunidad de contemplar un acto de justicia en este mundo tan dispar y puñetero donde los hijos de puta casi siempre se salen con la suya y muy raras veces son castigados por sus abusos hacia los más vulnerables y desvalidos.

Por ello mismo, la sentencia por desacato contra Joe Arpaio —el alguacil “más duro” de Estados Unidos como le gustaba ser reconocido—, ha caído como un acto de justicia largamente esperado.

Al final, sus malas acciones. Su crueldad hacia los inmigrantes y la comunidad hispana le han pasado factura.

Pero antes de cantar victoria, por una decisión judicial que sólo podría llevarle a la cárcel por seis meses —una sentencia que se hará oficial el próximo 5 de octubre—, para muchos resulta evidente que esta penalización se quedará muy corta si se le compara con las afrentas sufridas por miles de inmigrantes y ciudadanos de Estados Unidos de origen hispano que cayeron en sus manos.

En los tiempos que corren supongo que sería algo así como castigar a Donald Trump sin derecho a acceder a su cuenta de twitter durante una hora.

Porque ¿quien no recuerda la humillación sufrida por inmigrantes obligado a vestir informes rosas y a rayas como en un campo de concentración inspirado en aberraciones nazis?

¿Quien puede olvidar el ambiente de persecución contra la comunidad hispana a la que se convirtió en el sospechoso habitual en la zona metropolitana de Phoenix y en Maricopa?

En cualquier caso, la decisión judicial de la juez Susan R. Bolton, parece haber marcado el fin de trayecto para un personaje que hizo del racismo y el sentimiento antimigrante su principal plataforma para mantenerse en el cargo durante 24 años.

Y, de paso, para convertir al estado de Arizona en el epicentro del movimiento contra la comunidad inmmigrante en Estados Unidos.

En muchos sentidos, Joe Arpaio es hoy una de las paradojas que abriga la historia moderna de Estados Unidos.

Aunque son mayoría los que consideran que la “bestia negra” del movimiento antimigrante está condenado a desaparecer del paisaje político a sus 85 años, su discurso y sus prácticas dejaron escuela entre esa clase política que hoy sigue rebañando del plato de la desigualdad y del resentimiento de raza y clase para ganar elecciones y buscar el poder.

Ahí tenemos el caso de Donald Trump, uno de los más avanzados alumnos de Joe Arpaio. Durante su campaña por la presidencia de EU, Trump hizo suyas las mismas soflamas y amenazas del hoy ex alguacil de Maricopa.

A manera de ejemplo, aquí las declaraciones que Joe Arpaio lanzó en agosto de 2012, en el marco de la campaña del entonces candidato republicano a la presidencia, Mitt Romney.

El contenido de estas declaraciones parecen la copia del guión que Donald Trump utilizó durante su campaña por la presidencia y ha transmitido desde su arribo al poder al gobierno de México:

"Si yo fuera el presidente de EU, me sentaría con el presidente de México para tomarme un par de tragos y decirle: señor presidente usted tiene más de 50 mil personas muertas. Esto es muy triste. Estamos aquí para ayudarle. Para enviarle a nuestra patrulla fronteriza... o a nuestras tropas para que trabajen con su gente y así puedan resolver el desastre.

"Si ya enviamos tropas a países tan lejanos como Afganistán, porqué no enviarlas a nuestro vecino y así ayudar al gobierno de México a resolver el problema”.

Cuando uno revisa el contenido de estos mensajes que convirtieron a Joe Arpaio en referente de la base republicana y le permitieron mantenerse en el poder, es inevitable concluir que Donald Trump ni siquiera fue original a la hora de construir su discurso contra México y la comunidad migrante.

La diferencia estriba en la suerte que hoy marca la vida de ambos personajes. Uno, en la decrepitud y en caída libre a sus 85 años de edad.

 El otro, en la cima de su carrera como provocador y aprendiz de presidente de Estados Unidos.


Ahí la paradoja más desconcertante para una nación que hoy contempla la dispar suerte de estos dos personajes que han hecho del odio racista, de la fallida guerra contra las drogas y la persecución hacia la comunidad inmigrante su principal línea de defensa para evitar ser arrollados por el tren de la historia.