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J. Jaime Hernández
Albert Camus solía decir que “toda forma de desprecio, si interviene en
política, prepara o instaura el fascismo”.
Pues bien. Eso es precisamente lo que ha estado haciendo Donald Trump.
Como cuando perdonó al ex alguacil, Joe Arpaio, el hombre que creó su propio
campo de concentración para inmigrantes mexicanos en el condado de Maricopa, en
Arizona.
Que hizo del odio hacia el inmigrante hispano su mejor reclamo electoral
para mantenerse en el cargo durante casi 30 años.
Pero, Trump ha hecho también alarde de sus reflejos fascistas cuando
defendió a los grupos neonazis y supremacistas blancos que llegaron a
Charlotsville, Virginia, para advertir que no se dejarán desplazar por la nueva
realidad demográfica en Estados Unidos.
Una que, por cierto, ha llegado para quedarse.
Durante los últimos años, Donald Trump ha sido un entusiasta pupilo de
Joe Arpaio. De hecho, podría decirse que el ex alguacil ha sido el mejor mentor
del hoy presidente de Estados Unidos.
Entre ambos han hecho del linchamiento contra inmigrantes mexicanos, y
de las continuas mentiras y embustes, una poderosa herramienta para justificar
su desprecio racista hacia una comunidad que desde el siglo XIX ha sido
objetivo de un sistemático linchamiento físico y retórico desde esa comunidad
blanca que nunca ha terminado de aceptarlos como iguales.
(Se recomienda lectura de “Forgotten Dead: Mob Violence Against Mexicans
in the United States, 1848-1928.”)
Por lo tanto, ¿realmente ha sido sorpresivo el perdón presidencial de
Trump hacia alguien que considera su principal mentor?
Aquí, algunas muestras de esas enseñanzas:
En el verano del 2010, el entonces alguacil de Maricopa, Joe Arpaio,
convocó a los medios de comunicación para denunciar que había sido amenazado
por el cartel de Juárez:
“Han ofrecido un millón de dólares por mi cabeza. Me quieren matar por
mi lucha contra la inmigración ilegal, contra el narcotráfico. Pero no me van a
intimidar porque es importante deshacernos de este caos y esta violencia hacia
ambos lados de la frontera que está vinculada a la inmigración indocumentada.”
La supuesta amenaza del cartel de Juárez fue investigada por el FBI. La
oferta de un millón de dólares por la cabeza de Arpaio resultó ser una patraña.
Pero, la supuesta amenaza del cartel mexicano, en aquel entonces liderado por Vicente
Carrillo Fuentes, permitió al hoy ex alguacil recaudar mucho dinero para
financiar su campaña a la reelección.
Y, al mismo tiempo, presentar a Joe Arpaio como el “héroe” capaz de
hacer frente a la amenaza de la inmigración indocumentada y a los carteles
mexicanos de la droga.
En julio de 2015, un mes después de anunciar su candidatura a la
nominación presidencial por el partido republicano, Donald Trump denunció las
supuestas amenazas del líder del cartel de Sinaloa, Joaquín “El Chapo” Guzman.
La presunta amenaza de “El Chapo Guzmán”, le había llegado desde una
cuenta de twiter no autentificada.
“Se van a tragar sus palabras… Y luego porqué los matan”, decía el
mensaje del capo sin hacer una alusión directa a Donald Trump.
En un mensaje desde su cuenta de twitter, Trump anunció que había
demandado la intervención del FBI para investigar esta amenaza y decidió
reforzar su vigilancia con hombres colocados “hasta en los árboles” para
protegerse del fantasma de “El Chapo”.
Trump pidió además a los medios de comunicación y a sus críticos una
disculpa pública por haber puesto en tela de juicio sus ataques contra los
inmigrantes, a quienes presentó como criminales, traficantes de droga y
violadores.
“Se los dije”, tronó desde su cuenta de twitter.
Otro ejemplo:
En 1992, Joe Arpaio y su esposa lanzaron una iniciativa para vender
boletos para un viaje al espacio que tendría como objetivo conmemorar el 500
aniversario del viaje de Cristobal Colón al Continente americano.
El supuesto viaje, nunca se realizó. Arpaio nunca se disculpó por haber
estafado con un proyecto que ni siquiera llegó a la fase de construir la nave,
y sólo llegó a vender una veintena de boletos a través de una agencia de viajes
de su propiedad en Scottsdale, Arizona.
En el año de 2004, Donald Trump se asoció para fundar la Universidad
Trump. El objetivo, era preparar a las nuevas generaciones para ese mundo de
éxito empresarial del que siempre ha presumido Trump.
El proyecto no llegaría muy lejos. Tras un rosario de demandas, por fraude
y mala fé del empresario, la Universidad Trump fue condenada a reparar los
daños.
En noviembre de 2016, después de ganar las elecciones, Trump aceptó
llegar un acuerdo millonario para cerrar el caso.
Como se ve, Donald Trump sólo aprendió de las muchas artimañas del ex
alguacil de Maricopa para beneficiarse de estafas y hacerse con el apoyo de la
base más racista y extremista en Arizona, el Estado que marcó el principio de
la victoria para el hoy presidente de Estados Unidos.
Por ello mismo, Trump no podía dejar de perdonar a su amigo, Joe Arpaio.
Su aliado y compadre en el arte de agitar el odio racista y preparar el terreno
para el viejo demonio fascista.


