viernes, 29 de julio de 2016

Los Universos Paralelos de Elefantes y Asnos



                                                                             Foto/AFP



Tras el fin del espectáculo en las Convenciones Demócrata y Republicana, con fuegos artificiales y globos multicolores (ya se sabe que no hay Convención sin globos), los ciudadanos dentro y fuera de Estados Unidos hemos podido constatar los universos paralelos que siguen dividiendo a quienes se identifican con los elefantes y los asnos.

De un lado, tenemos el universo de los elefantes que, por un capricho de la historia, ha secuestrado Donald Trump, un magnate del sector inmobiliario que se ha reciclado como un aficionado (muy peligroso por cierto) de la política.

Durante la Convención Republicana en Cleveland, Ohio, Trump nos mostró su mundo oscuro, desesperanzado y hostil. Uno que necesita urgentemente de un líder providencial. De ese defensor de la patria, de las mujeres y los niños (blancos por supuesto) que se ha empeñado en erigir un muro en la frontera con México y, al mismo tiempo, bajarse del autobús de la globalización y los tratados comerciales para inaugurar una era de aislamiento, guerras y autarquía.

De otro lado, tenemos el universo de los asnos, donde Hillary Clinton ha sido proclamada su reina. Durante cuatro días pudimos observar en Filadelfia, un mundo donde sólo se construyen puentes y donde los muros han sido desterrados (Bueno, con excepción del que ya existe en el Río Bravo). Donde el día dura más que la noche, donde los niños juegan confiados en un futuro promisorio y a donde, a los inmigrantes indocumentados, todavía se les sigue prometiendo que, alguuuuuún día de estos, se convertirán en ciudadanos; que podrán ser libres de rezar al Dios de sus ancestros y sumarán su cultura y señas de identidad al gran crisol de razas que es EU.

En los últimos cuatro días asistimos, en el universo de los asnos, al nacimiento de la primera mujer que ha llegado dispuesta a disputar las riendas de la presidencia. Un hecho histórico, sin duda alguna, pero inexplicable cuando un total de 52 naciones “menos desarrolladas” que EU —según el World Economic Forum Gender Gap Report 2015— ya han pasado por la experiencia de elegir a una mujer como su jefa de Estado.

Con un traje blanco y una sonrisa llena de promesas, Hillary se convirtió esta semana en la heroína de la película dispuesta a enfrentar la amenaza del “lado oscuro”.

Ya se sabe que las campañas presidenciales en EU son una puesta en escena. Y que la historia no se aprende en los libros, sino en las producciones cinematográficas de Hollywood.

De ahí la importancia de elegir bien la coreografía y la retórica adecuadas para lanzarse en esa lucha de cada cuatro años por la mente y el corazón de los estadounidenses para convertirse en el futuro inquilino de la Casa Blanca y poder izar, al lado de la bandera de las barras y las estrellas, la insignia del burro o el elefante.

Por el momento, creemos que los demócratas, es decir, los asnos, han ganado la guerra de la retórica. Y ello, gracias a la habilidad y a la astucia de Bill Clinton; a la grandilocuencia de Michelle Obama y a la vena visionaria de Barack Obama. Fue precisamente Obama el que recurrió al viejo mensaje de Ronald Reagan (si un presidente republicano) para recordar que sigue siendo de día en Estados Unidos, mientras que en el universo de Trump es de noche.

Donald Trump, un genio de la publicidad, ha perdido en el primer asalto y en su propio terreno. Los demócratas han conseguido arrebatarle la bandera del optimismo para convertirle en el señor de las tinieblas y la desesperanza.

En 1928, el entonces candidato republicano a la presidencia, Herbert Hoover, eligió como frase de campaña: “Un pollo en cada cazuela y un coche en cada garaje”. El lema se coló de inmediato entre aquellos electores acostumbrados a votar con el bolsillo, antes que con el corazón.

 En 1968, Richard Nixon eligió como frase “Nixon´s The One”, algo así como “Nixon el único”. Ya sabemos como terminó la presidencia de Richard Nixon tras el escándalo del Watergate. Su megalomanía y su falta de auto control, al final, le costaron el cargo.

Eso es lo malo de los megalómanos como Nixon o Donald Trump. Al final, siempre terminan tropezando consigo mismos.

Joe Scarborough, un popular presentador de televisión de la cadena MSNBC y ex congresista republicano por el Estado de Florida, lamentó esta semana que Donald Trump se siga empeñando en consumirse políticamente mientras habla de sí mismo:

“Todo se reduce a las pequeñas peleas. A lo que dicen las encuestas. A insultar a todo mundo. A hablar de sí mismo e insistir en lo grandioso que es”.

¿Será capaz de cambiar Donald Trump ahora que se inicia la fase decisiva de la lucha por la presidencia?.

Francamente lo dudamos porque, hasta ahora, el éxito de Trump ha sido su capacidad para incitar al odio racial, para explotar las inseguridades y las ansiedades de los ciudadanos agitando el espantajo de la desesperanza y la amenaza terrorista.

¿Significa esto que Hillary Clinton tiene la victoria en el bolsillo?. La respuesta es no.

Robert Baer, ex operador de la CIA, alguna vez me dijo que el gran recurso de los políticos es el miedo: “la gente es estúpida. Y los políticos lo saben. Si asustas lo suficiente a la gente y te presentas como su salvador, muchos saldrán a votar por tí”.

¿Será por eso que Hillary Clinton insistió en su gran noche de aclamación como candidata demócrata a la presidencia que, “como solía decir Franklin Roosevelt; a lo único que hay que temer es al miedo mismo”?.

Veremos si acaso esta frase, que repetirá como mantra, le sirve de antídoto frente a ese amo de las tinieblas que es Donald Trump, en el inicio de la fase más crucial de la lucha por la presidencia.


Veremos cual de los dos universos, el de los elefantes o el de los asnos, será capaz de hacer ondear su estandarte en la Casa Blanca en enero del 2017.

miércoles, 27 de julio de 2016

Hillary Clinton; ¿Ese objeto del Deseo?

                                          Foto: AP





La puntillosa reportera de la cadena CNN, Dana Bash, fue la encargada de soltar la metáfora cargada de retranca: “Bill Clinton presentó a Hillary Clinton como ese objeto del deseo… Y es muy importante para la gente creer en ello…”.

Para empezar, quizá habría que reconocer que el mensaje de Bill Clinton a favor de su esposa fue una pieza de orfebrería literaria. Pero de literatura infantil, de esas que les lees a tus hijos cuando los arropas de noche en la cama para contarles un cuento de hadas, o uno de terror.

Lo interesante del caso es que, el gran “cuenta cuentos” que es Bill Clinton (¿quien no recuerda el cuento que nos soltó para tratar de convencernos de sus ingenuos escarceos amorosos en la oficina oval con Mónica Lewinsky?), consiguió hipnotizar a millones de estadounidenses en horario estelar con la versión más romántica de su esposa:

“Esa chica que conocí en la primavera de 1971, que llevaba gafas muy grandes, faldas largas y floreadas y sin rastro de maquillaje”. Ah, y la forma en que Hillary se hizo la difícil antes de darle el sí para casarse con ella. ¡A él que siempre ha sido un conquistador de mucho cuidado!. Según nos contó el pobre de Bill, tuvo que esperar varios años y proponerle matrimonio hasta en tres ocasiones antes de que Hillary le diera el sí.

Seguramente, toda esta narrativa captó la atención de los guionistas de Hollywood que no desaprovecharán el material cuando llegue el momento de hacer la película de “Hillary Clinton y su conquista de la Casa Blanca”; o “La primera mujer que conquistó…” o que “Estuvo a punto de conquistar la presidencia”.

(Hago esta distinción porque aún estamos en la fase en la que el guión se sigue escribiendo a sí mismo, desafiando los límites de lo posible y lo imprevisible).

Lo que no nos dijo Bill Clinton durante la noche del martes pasado, quizá porque no era el mejor momento, quizá porque el relato tenía que encajar en ese molde de excepcionalismo presidencial, fue que su matrimonio con Hillary no pocas veces estuvo a punto de naufragar.

Lo que no mencionó, fue la forma en que el movimiento feminista se sintió traicionado por esa mujer que no sólo aceptó la versión que su esposo intentó vender a la opinión pública en medio de un proceso para destituirle.

Que consintió la forma en que se lapidó a Monica Lewinsky para tranquilizar a las buenas conciencias y, de paso, cobrar venganza.

Donald Trump, amigo de los Clinton durante muchos años antes de que se le ocurriera contender por la presidencia, aseguró el pasado miércoles que durante su mensaje Bill Clinton se dejó los pasajes más interesantes de su relación con Hillary.

Aunque resulta repugnante coincidir con un racista y un oportunista redomado como Trump, tengo que reconocer que tiene razón.

Pero no por los pasajes que seguramente imaginó Trump. Esos pertenecen al ámbito privado de los Clinton. Me refiero a esa faceta de Hillary Clinton ha mostrado en incidentes como Bengasi en septiembre de 2012, donde la impericia de los servicios de inteligencia, quizá los principales responsables de la muerte del embajador Chris Stevens y tres de sus colaboradores, y la falta de reflejos de la propia Hillary, arrojaron a la administración de Barack Obama en brazos de uno de los peores desastres.

Me refiero al uso de la Fundación Clinton que recibió millones de dólares de gobierno extranjeros mientras Hillary fungía como Secretaria de Estado.
Me refiero a la propensión de Hillary a actuar como un “halcón” en política exterior.

Y qué decir de la decisión de Clinton de utilizar un servidor privado para manejar sus correos electrónicos. Una muestra de la irresponsabilidad y de la arrogancia de quien se creyó por encima de la ley.

Hoy, ese error la sigue persiguiendo, a pesar de que el Departamento de Justicia y el FBI la hayan librado de un procesamiento por falta de evidencias.
Así es que, si Bill Clinton quiso vender a su esposa como “Ese objeto del deseo”, con el fin de asegurarse su victoria en las presidenciales de noviembre próximo, sospecho que su historia sólo cundió entre los más leales de Hillary. Pero no entre los independientes, ni entre muchas mujeres, ni entre esa legión de jóvenes que siguieron a Bernie Sanders y que, de seguro, se metieron el dedo a la boca para provocarse un vómito mientras escuchaban a Bill perorando su cuento de hadas.

Dicho esto, tengo que reconocer que, puestos a elegir, prefiero el “cuento” de Bill para vendernos a Hillary como “Ese objeto del deseo”, antes que resignarme a esa pesadilla llamada Donald Trump que hoy roba el sueño de millones de seres humanos dentro y fuera de EU.


lunes, 25 de julio de 2016

El asalto contra Donald Trump desde México



Ultimamente, Donald Trump no deja de bromear con supuestas tramas de conspiración orquestadas en su contra desde México para atacarle o borrarlo de la faz de la tierra por sus afrentas e insultos contra la comunidad inmigrante de origen mexicano.

Como el pasado 30 de junio cuando, durante un acto de campaña desde Manchester, New Hampshire, aprovechó el paso de un avión que surcaba los cielos para decirles a sus simpatizantes: “parece ser un avión mexicano que se prepara para atacarme”.

Esta anécdota vino a mi mente cuando, apenas la semana pasada, leí el titular del diario El País en su edición América: “México se convierte en grupo de presión en EEUU ante Trump”. Casi inmediatamente lo enmarqué mentalmente y lo puse en el muro de titulares extravagantes.

Por un extraño proceso de asociación, me acordé de aquella frase que Donald Trump hizo famosa en su libro The Art of the Deal (El arte de la negociación):

“Juego con las fantasías de la gente. Un poco de hipérbole (o exageración) nunca hace daño. La gente quiere creer que algo, o alguien, es de lo más grandioso”.

En este caso, el gobierno de México al que, distintos medios de comunicación, han intentado hacer pasar —de forma voluntaria o involuntaria—, por un gigante de la diplomacia. Por un poderoso cabildero dentro de Estados Unidos. Por un  gobierno con la mano muy larga y con las fuerzas sobradas para liderar, entre la clase política y la sociedad civil de Estados Unidos, un frente común contra Donald Trump y evitar así a toda costa que gane las elecciones de noviembre próximo.

¿Debería ponerse a temblar el candidato republicano ante estos planes del gobierno de México contra su candidatura?. ¿Debería la campaña de Hillary Clinton contratar a los genios del gobierno de México y hacer suyo su plan para cerrarle el paso a su adversario republicano?.

El sólo pensar que el gobierno de México será capaz de torcer la voluntad de millones de electores el próximo mes de noviembre, o de influir en uno de los procesos electorales más inciertos en la historia reciente de EU,  es una invitación al sarcasmo.

En ese universo paralelo que ha conseguido crear Donald Trump en torno a su figura, últimamente no es infrecuente toparnos con ejemplos de ilusos o de oportunistas que han encontrado en Trump la mejor forma de subirse al carro de la notoriedad, o de la trascendencia.

O simple y sencillamente, para tratar de cambiar la conversación y el foco de atención de asuntos más preocupantes en México.

Ahí tenemos el ejemplo del ex presidente, Vicente Fox, quien no dudó en subirse al ring para presentarse como el campeón de los inmigrantes y los mexicanos contra Donald Trump luego de que éste los retratara como criminales, violadores y traficantes de drogas.

También tenemos el caso de quienes, incluso, han llegado a escribir libros para “Frenar a Trump”. O quienes han sugerido campañas anti Trump que les permitirán abonar el terreno de sus aspiraciones presidenciales como independientes en el 2018.

En muchos sentidos, Trump ha conseguido crear una economía de mercado y de expectativas políticas. Un agujero negro que se alimenta de los miedos, de los odios enconados, de la ambición desmedida, del oportunismo craso y de las frustraciones de quienes ven en él la mejor oportunidad para escapar de los pésimos índices de popularidad o para distraer la atención de aquellos escándalos que los han colocado en la lista negra de naciones que violan los Derechos Humanos.

En este sentido, Trump también se ha convertido para el gobierno de México en un formidable pararrayos que pretende utilizar para tratar de escapar de las muchas tormentas que le persiguen últimamente.

Ahí tenemos la tragedia de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa. Ahí está la crisis irresuelta con la CNTE y la pésima forma en que se ha consensuado e implementado una reforma educativa que hoy da tumbos, entre muestras de impericia política, actos de represión y violencia.

Por cierto, ambos asuntos no fueron abordados durante la reciente rueda de prensa de Obama y Enrique Peña Nieto en la Casa Blanca.

Recientemente, Ginger Thompson, ex corresponsal de The New York Times en México, escribió  una columna bajo el sugerente título de “México su peor enemigo”. Su texto habla del ambiente generado en México país por el llamado fenómeno Trump y por la forma en que el gobierno mexicano ha decidido abordarlo desde el frente diplomático para contrarrestar la amenaza que ha llegado con el candidato republicano:

“Los funcionarios gubernamentales (en México) parecen más preocupados por las declaraciones  rimbombantes de Trump sobre el país y sus ciudadanos, como su referencia que identificaba a los mexicanos como “violadores”. Estas declaraciones son, por supuesto, infundadas y ofensivas. Pero ¿cómo puede mejorar la imagen de México cuando sus líderes no pueden demostrar algo de compromiso para terminar con los abusos y la impunidad que preocupan tanto a sus propios ciudadanos?”.

Auch!!!