viernes, 4 de enero de 2019

Gringo Viejo



                                                                                                                                                                                   Foto/AP


J. Jaime Hernández


Gringo Viejo fue un término acuñado con fines literarios por Carlos Fuentes para narrar la vida del escritor y periodista, Ambroise Bierce. Un hombre empeñado en morir en México, donde aprendió que “sólo hay una frontera que nos atrevemos a cruzar de noche: la frontera de nuestras diferencias con los demás, de nuestros combates con nosotros mismos”.


A diferencia del personaje literario de Fuentes, Trump aún no ha aprendido a cruzar esa frontera de sus diferencias con los demás. Al contrario, se ha empeñado en ensancharlas o blindarlas con la construcción de un Muro fronterizo con México.


Por eso, no sólo es víctima de su decrepitud y de su resistencia al inevitable cambio demográfico en Estados Unidos. Sino que se resiste,  mientras lucha por no ahogarse en el arrollo de la historia,  agitando el viejo espantajo racista ante su base extremista.


Sólo por ello, Trump no sólo es un Gringo viejo. Sino, también, estúpido y racista.


Aunque Donald Trump conquistó la Casa Blanca con la promesa de construir el Muro que, según aseguró, sería financiado por el gobierno de México, todo parece indicar que nunca será capaz de alcanzar ese objetivo.


Entre otras cosas porque el Congreso, secuestrado en el inicio de este 2019 por la división entre demócratas y republicanos, jamás será capaz de alcanzar un acuerdo para concederle los 25 mil millones de dólares que ha exigido para edificar el Muro.


En el más reciente tanteo entre demócratas y republicanos, las cifras apenas oscilan entre los mil y 1,300 millones de dólares. Ni siquiera, sospecho, será capaz de ofrecer una inversión considerable directa aprobada por el Congreso para impulsar el Plan de Desarrollo que el gobierno de México intenta implantar en Centroamérica (por un total superior a los 30 mil millones de dólares) como mejor fórmula para contener a hemorragia migratoria hacia el norte.


A pesar de todas estas dificultades, Trump insiste en defender la construcción del Muro, mientras desafía los tribunales y niega asilo a quienes huyen de la violencia y la desesperación para pedir asilo en la frontera con México. 

Incluidos menores de edad, quienes son tratados como ganado y falta de humanidad.

Ahí están los casos de los pequeños migrantes de Guatemala Jakelin y Felipe, de 7 y 8 años respectivamente, quienes murieron bajo custodia de la Patrulla Fronteriza. Su muerte ha sido responsabilidad directa de Donald Trump, por más empeño que haya puesto él tratando de inculpar a los demócratas.


Llegados a este punto, vale la pena preguntarse si acaso la vida de estos dos menores de edad. O la amenaza de cerrar la frontera con México, le han valido la pena a Donald Trump en este año que termina.


La respuesta, si nos atenemos a los resultados de las elecciones legislativas de noviembre pasado, es que no. De hecho, los demócratas obtuvieron una de sus más contundentes victorias, al recuperar el control de la Cámara de Representantes.


Y si echamos una mirada a la más reciente encuesta de la agencia AP, sólo un 32% de la propia base de Donald Trump ve con buenos ojos la estrategia de Trump para blindar la frontera con México.


En términos absolutos, el 56% de los ciudadanos se oponen a los planes de Trump en la frontera.


¿Cuál entonces es el objetivo de la estrategia de Donald Trump?. ¿Seguir buscando un cierre de filas entre su base de incondicionales para encarar el inicio de un 2019 donde se anuncian una interminable lista de comisiones en la Cámara de Representantes para investigarle?


¿Mantener vivas sus esperanzas para la reelección en 2020?
Para un creciente número de analistas, la posibilidad de que Trump siga gozando del apoyo entre su propia base, insistiendo en el tema del Muro fronterizo y la supuesta existencia de “una invasión” de delincuentes, narcotraficantes y violadores que siguen llegando a través de la frontera con México, cada vez es más lejana.


Entre otras cosas porque, a diferencia del 2016, cuando un sorprendente sector del electorado blanco y conservador decidió darle el beneficio de la duda, fue porque prometió rescatarlos del olvido y rezago económico. Amenazando a países como México o China con la renegociación de Tratados Comerciales o el cierre de fronteras.


Hoy, sin embargo, a dos años de su mandato, los principales beneficiarios de su mandato han sido las grandes corporaciones, pero no la clase media:


“Por esa misma razón, difícilmente esa base incondicional de Trump, que esperaba un mayor beneficio económico, estará dispuesta a concederle de nueva cuenta el beneficio de la duda. Particularmente, en su carrera a la reelección en 2020”, aseguró Reihan Salam, analista político de National Review.


En otras palabras, Donald Trump difícilmente conseguirá que el viejo truco del Muro fronterizo vuelva a concederle el golpe de suerte que necesita para ganar el pulso a demócratas y republicanos para obtener los fondos que necesita para reforzar el Muro fronterizo.


Por lo visto, el gringo viejo, tendrá que echar mano en este año viejo de una estrategia nueva.