A lo largo de toda su vida Donald Trump ha tenido problemas con la
verdad. Particularmente, cuando ésta no se ajusta a sus deseos, a sus caprichos
o necesidades.
Durante una de las campañas electorales más sorprendentes e inesperadas de
la era moderna, en la que el represente de la minoría más rica y privilegiada
en EU hizo alarde de su capacidad para engatusar a los pobres y a los
desplazados por la reconversión tecnológica y la globalización, Trump demostró
que la tergiversación de la verdad, las noticias falsas y el insulto son una
poderosa arma de disuasión masiva ante ese electorado cansado de la clase
política y su propensión a la mendacidad.
Descubrió que, últimamente el pueblo ha desarrollado un apetito
canino por el político crucificado. Que
la mentira y las noticias falsas son eficaces clavos para destruir a sus
adversarios. Y que el discurso populista e incendiario es el martillo ideal
para rematar el trabajo.
Hoy, cuando sólo faltan unos días para que se convierta en el hombre más
poderoso del planeta, Donald Trump ha probado por primera vez una cucharada de
su propia medicina.
Súbitamente ha visto como una patraña o una noticia falsa regresa como
un bumerán listo para cortarte la cabeza.
La “noticia falsa”, o no corroborada, que hoy regresa para subirlo al
cadalso de los horribles está relacionada con un informe realizado por un ex
agente del MI6 británico (el equivalente de la CIA) Christopher Steele, quien
se ha dedicado al espionaje privado desde 2009 con su empresa Orbis Business
Intelligence Ltd.
Steele es el autor de un explosivo reporte ordenado, en primera
instancia, por enemigos de Trump en el seno del partido republicano. A pesar de
no haber sido contrastado por fuentes independientes, ni por las agencias de
inteligencia de EU, el informe ha conseguido poner a Donald Trump contra las
cuerdas.
El informe asegura que, durante los últimos cinco años, los servicios
secretos habían espiado al magnate neoyorkino para hacerse con información
comprometedora. Pero, además, establece que los servicios de inteligencia
habían proporcionado información a colaboradores de Trump para dañar la campaña
presidencial de Hillary Clinton.
Pero el episodio más truculento, está relacionado con un supuesto
incidente protagonizado por Trump y un grupo de prostitutas en la suite
presidencial del Hotel Ritz Carlton de Moscú en 2013.
Según la recolección de testimonios obtenidos por informantes de Stelle
en Rusia, quien goza de gran reputación y credibilidad entre la comunidad de inteligencia,
el magnate neoyorkino que siempre ha profesado un “odio contra Barack Obama”,
decidió profanar la cama que utilizó el presidente y su esposa Michelle durante
el viaje que realizaron en 2009 a Moscú.
Trump “contrató a un grupo de prostitutas para profanar la cama
(orinando sobre ella) con “lluvia dorada” enfrente del magnate. Se sabe que el
Hotel estaba bajo el monitoreo de micrófonos y cámaras del servicio de
inteligencia ruso FSB para grabar todo lo que consideraran necesario”, asegura
el reporte que fue entregado tanto al presidente electo como a Obama.
Por cierto, el presidente Obama ha decidido mantener un silencio
prudencial al respecto.
Hoy, Christopher Steele ha desaparecido del radar. El miedo a las
represalias, por parte de los aliados de Trump y quizá de los temibles agentes
de Vladimir Putin, le han obligado a buscar refugio.
Pero mientras Steele huye, y los medios de comunicación y los servicios
de inteligencia de EU intentan por todos los medios corroborar la veracidad de
este explosivo reporte, la “falsa verdad” seguirá persiguiendo a Donald Trump
antes y después de haber juramentado el cargo.
Stephen King, el exitoso autor de cientos de obras de terror, aseguraba
ayer en su cuenta de twitter:
“Las acusaciones contra Trump pueden no ser ciertas. Pero verlo
ingiriendo una dosis de su propia medicina no dejar de tener una cierta dosis
de justicia”.
Durante mucho tiempo, Donald Trump ha sido el amo de la patraña, la
mentira y la noticia falsa. La utilizó contra Barack Obama durante casi 8 años,
insinuando que no era un presidente legítimo porque había nacido en Kenia.
La uso contra Hillary Clinton, asegurando que era una criminal que había
puesto en manos de los enemigos de EU información confidencial y clasificada
que comprometía la seguridad nacional.
La utilizó de la forma más infame y derogatoria contra millones de
inmigrantes mexicanos, a quienes tachó de “violadores”, “criminales” y
“narcotraficantes”.
Y, últimamente, la sigue
utilizando para asegurar que México pagará por el Muro fronterizo, a sabiendas
de que torcer el brazo al gobierno mexicano será una misión si no
imposible, si tremendamente complicada.
Harry Frankfurt, un reconocido filósofo de la Universidad de Princeton,
y un estudioso de la verdad, la mentira y de los muchos charlatanes que pululan
en el mundo de la política y la mercadotecnia, considera que “la charlatanería,
por inocente que parezca, es mucho más perniciosa que la mentira.
“A un mentiroso se le puede descubrir, pero el charlatán no está del
lado de la verdad ni del lado de lo falso. No le importa si las cosas que dice
describen correctamente la realidad; se limita a extraerlas de aquí y de allá o
a manipularlas con el único objetivo de que se adapten a sus intereses,
totalmente indiferente al bien común”.

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