Foto de la Virgen de Guadalupe apuñalada en Iglesia de Maywood
Por J. Jaime Hernández
El día que apuñalaron a la Virgen de Guadalupe, en la Iglesia Santa Rosa
de Lima, la comunidad inmigrante avecindada en la ciudad de Maywood, en
California, se arremolinó a las puertas del templo para llorar y rezar.
Algunas mujeres, de rebozo en la cabeza y vestidas de blanco, entonaron
La Guadalupana, el canto que desde tiempos inmemorables ha reemplazado al himno
de México entre la comunidad inmigrante en Estados Unidos:
“Desde el cielo una hermosa mañana…Suplicante juntaba las manos… Era
mexicana…Era mexicana su porte y su faz…”
No era la primera vez que le rezaban y cantaban a la Virgen de
Guadalupe, la imagen a la que todos los inmigrantes acuden en tiempos de
tribulación. La agresión contra la Virgen, en una acción que la policía de
Maywood catalogó como “crimen de odio”, movilizó a toda la comunidad que acudió
entre rezos y cánticos para consolar a su
“madrecita”.
Era un continuo juego entre el gato policial y el ratón inmigrante. Un
desafío que se extendía por los barrios de Maywood, Huntington Park o por el
Este de Los Angeles. Con estrategias de los astutos “ratoncitos” migrantes para
evitar a la “migra” o a la policía.
Para sortear los muchos controles de los güeros y sus patrullas para
imponer multas o confiscarles los autos que, luego, tardaban meses en
recuperar.
La práctica se convirtió en una de las más efectivas formas de represión
y en uno de los más prósperos negocios para los cuerpos de seguridad y las
empresas que controlaban el negocio de las grúas.
La mañana del 25 de mayo de 2010, cuando todos se enteraron del
apuñalamiento en pleno rostro de la Virgen de Guadalupe, muchos abandonaron el
murmullo para demostrar su hartazgo en una de las épocas más oscuras y aciagas:
“A ninguno de la comunidad hispana de Maywood nos extrañó este ataque de
tintes racistas porque la Iglesia y el párroco en aquel entonces, David
Velázquez, ya habían sido objeto de constantes amenazas por su apoyo a favor de
los inmigrantes”, recordó Martha Ugarte una de las activistas que más han
trabajado a favor de la causa inmigrante en Maywood.
La Iglesia de Santa Rosa de Lima, era uno de los más socorridos refugios
de la comunidad inmigrante en una ciudad que había sido declarada Santuario
desde el año 2006. Quizá por ello mismo, el ataque dirigido contra la Virgen de
Guadalupe, el símbolo más respetado y querido por la comunidad, quedó
registrado como una escalada más en una época marcada por las continuas
embestidas del movimiento antimigrante.
Un movimiento que experimentaba un peligroso resurgimiento, al galope de
los MInuteman y su líder, Jim Gilchrist a la cabeza, en la frontera con México
para tratar de interceptar al mayor número de inmigrantes dispuestos a
arriesgarlo todo para buscar un mejor futuro en Estados Unidos.
Casi 10 años más tarde, la embestida del movimiento antimigrantes
regresa de nuevo bajo la presidencia de Donald Trump. Apenas el pasado
miércoles 19 de julio, el director de la Oficina de Inmigración y Aduanas
(ICE), Thomas Homan, anunció la inminente contratación de 10 mil agentes para
multiplicar los arrestos y expulsiones de inmigrantes indocumentados.
“[El presidente Trump] básicamente nos ha dicho: Ahora ustedes tienen
que hacer su trabajo, hagan cumplir las leyes. No hay ninguna población
indocumentada que este fuera de este esfuerzo. Esto es algo por lo que hemos
estado esperando por más de una década”, aseguró Homan al adelantar que
“ciudades santuario” como Nueva York, Los Angeles, Chicago, San Francisco o
Filadelfia se encuentran en la mira de esta nueva campaña de arrestos y
remociones.
“Nos siguen agrediendo. Nos siguen insultando. Nos siguen arrinconando
con este tipo de políticas que lo único que buscan es desaparecernos. Pero no
lo van a conseguir. Y nosotros estamos perdiendo la paciencia”, aseguró Martha
Ugarte al advertir que, al igual que ayer, cuando apuñalaron a la Virgen de
Guadalupe, la comunidad inmigrante esta lista para resistir bajo la presidencia
de Donald Trump.
