La mala noche de Donald Trump foto/AP
Como
un torero humillado tras su decepcionante faena, Donald Trump intentaba hoy sacar
pecho y que no se le notara mucho el barro del arrastre en su maltratado traje
de luces y el rabo compungido entre las patas.
Más
que una derrota en su primer “mano a mano” con Hillary Clinton —quien
desaprovechó más de una oportunidad para hundir a su contrincante—, el
candidato republicano es hoy víctima de una paliza en ese escaparate inmisericorde
de los medios de comunicación, donde un entusiasta grupo de comentaristas le
miran con desdén, mientras le muestran el pulgar hacia abajo:
“El
candidato republicano Donald Trump se convirtió en el peor participante en un
debate por la presidencia en los tiempos modernos. Ha sido tan malo que, en un
año normal, lo descalificaría para llegar a ninguna parte cerca de la Casa
Blanca”.
Las
palabras son de Howard Finneman, el director editorial de Huffington Post y uno
de los más respetados comentaristas en esa jungla de la política en EU.
En
el día después del primer debate por la presidencia, Donald Trump ha comprobado
lo difícil que es soltar el pesado lastre de sus malas acciones, de sus
patrañas y mentiras. Ahí esta el caso de Alicia Machado, la ex Miss Venezuela y
ex Miss Universo, que ha decidido cobrar venganza contra el hombre que la
humilló mientras la tuvo a su merced:
"Me
imponía mucho, él me gritaba todo el tiempo. Me decía 'te ves gorda' y a veces
jugaba conmigo y me decía 'Hello Miss Piggy' (miss cerdita) o 'Hello Miss
Hauskeeping' (miss limpiadora)", contó Machado en un video publicado por
la campaña de Clinton para dejar a Donald Trump a merced de una de sus víctimas
y, seguramente, de muchas mujeres y electores hispanos.
Y
ahí tenemos el caso del presidente Barack Obama, a quien Donald Trump convirtió
en objetivo de su infame campaña para cuestionar su legitimidad como ciudadano
de Estados Unidos y como el primer presidente de raza negra.
Hoy,
esa campaña de tufo racista, se vuelve contra el magnate. Y Hillary Clinton se
encargó de abrir esa vieja herida ante más de 80 millones de espectadores que
anoche siguieron el primer debate presidencial en directo, donde Donald Trump
volvió a ser atrapado por su pasado misógino y racista ante los electores que
decidirán su suerte el próximo mes de noviembre.
Entre
ellos, los miembros de la comunidad afroestadounidense que no parecen
dispuestos a olvidar y perdonar, la campaña de odio racista que Donald Trump
atizó contra Barack Obama.
Hoy,
mientras Donald Trump se relame las heridas y amenaza con entrar al terreno de
lo personal durante el próximo debate, su estatura como candidato presidencial
parece encogerse:
“Ojalá
y no recurra a ese tipo de ataques”, manifestó esperanzada Sarah Huckabee, una
de las asesoras de campañas de Donald Trump, para manifestar su temor contra
una estrategia a la desesperada que buscaría explotar las infidelidades de Bill
Clinton, un recurso que podría revertirse en su contra mientras lo reduce a su
condición de patán incapaz de hablar de política exterior o de seguridad
nacional, pero sí de las amantes del esposo de su contrincante.

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