lunes, 19 de septiembre de 2016

El “factor miedo” en tiempos de elecciones inciertas y pésimos candidatos a la presidencia

                                        Agentes federales de EU tras atentado en Nueva York Foto AFP


Robert Baer, ex agente encubierto de la CIA en Oriente Medio, me explicó un día que una de las más poderosas armas en tiempos de elección, es el miedo:

“La gente es estúpida. Y cuando les metes miedo en el cuerpo, votan por el candidato que les parece el más fuerte. Y, en la mayoría de los casos, apuestan por el candidato republicano porque lo identifican con una posición más fuerte y militarista”.

Baer y yo platicábamos de las posibilidades a la reelección de George W. Bush en el verano del 2003, mientras preparaba el lanzamiento de su libro “Sleeping with the Devil” (Durmiendo con el Diablo) durante una gira de promoción en París.

“¿Tu crees que Bush será reelegido después del terrible error de inteligencia del 11 de septiembre de 2001 y de la incapacidad de sus ejércitos que dejaron escapar a Osama Bin Laden de la montaña de Tora Bora en diciembre de ese año?”, le pregunté con gesto incrédulo.

“La gente es estúpida. Acuérdate de lo que te digo”, insistió para volver a resaltar la importancia del factor miedo en tiempos de elección.

Hoy sabemos que Baer tenía razón. Y que George W Bush consiguió reelegirse en el cargo en noviembre del 2004, gracias al miedo que infundió entre millones de incautos electores resignados al recorte de libertades que llegaron con la infame Patriot Act y un estado de guerra permanente que se ha extendido hasta nuestros días desde Irak y Afganistán hasta los confines de una Siria reducida hoy a escombros y convertida en epicentro de una de las peores crisis de refugiados.

Ni siquiera un veterano de guerra como John Kerry, nominado como el candidato de los demócratas a la presidencia, pudo contra los miedos que George W Bush se encargó de sembrar eficazmente a lo largo de su campaña por la presidencia.

Tras los últimos atentados con bombas de manufactura casera en Nueva York y en Nueva Jersey, y la captura de Ahmad Khan Rahami, un ciudadano estadounidense de origen afgano como principal sospechoso, no he dejado de pensar en la receta del miedo como una poderosa arma de disuasión masiva durante inciertos tiempos de elección a la presidencia.

Especialmente, cuando ninguno de los candidatos en contienda ha sido capaz de despertar el entusiasmo entre los electores. Según el último sondeo de Pew Research, el 63% de los ciudadanos en EU se han declarado abiertamente insatisfechos con la nominación de los candidatos demócrata y republicano en este ciclo electoral.

El pasado mes de diciembre, tras el atentado terrorista que costó la vida a 14 personas en la ciudad de San Bernardino, California, el candidato republicano, Donald Trump, twitteó que “cada vez que hay una tragedia, todo va hacia arriba. Mis números (en las encuestas) van hacia arriba”.

En un alarde de oportunismo craso, el entonces aspirante a la nominación presidencial  por el partido republicano lanzó su propuesta para vetar el ingreso a EU de todos los turistas e inmigrantes de origen musulmán hasta que el Congreso y las fuerzas de seguridad fueran capaces de implementar un sistema más eficaz de escrutinio en los aeropuertos y embajadas de EU en Oriente Medio.

“No tenemos otra opción. Además, deberíamos vigilar a la gente que acude a las mezquitas en EU”, añadió para colocar a más de 3 millones de ciudadanos de EU de confesión musulmana en la lista negra de los sospechosos de promover acciones terroristas.

Tras este discurso, los sondeos a favor de Trump en diciembre subieron como la espuma para colocarse hasta el 38%, mientras su más inmediato contendiente, el senador por Texas, Ted Cruz, languidecía con el 18%.

Hoy, nada más enterarse del atentado en Manhattan y la captura de un sospechoso de origen afgano, Donald Trump volvió a la cargada con una propuesta para endurecer las medidas contra ciudadanos de origen musulmán y contra visitantes o inmigrantes de esa confesión:

“Tenemos que ponernos duros. Porque si no lo hacemos, nos seguirán atacando. Por eso, si eligen a Hillary Clinton en noviembre próximo, tengan por seguro que tendremos más ataques terroristas y más ciudadanos heridos o asesinados”, sentenció para regresar así a su zona de confort como el candidato que ha hecho del miedo su mejor aliado para avanzar en las encuestas y para presentarse a si mismo como el líder providencial que salvará a Estados Unidos de la inmigración ilegal y la amenaza terrorista.

Ante este nuevo lance de Donald Trump, la mayoría de los analistas se preguntan si, acaso, la amenaza latente del terrorismo permitirá al candidato republicano cubrir sus muchas carencias como estadista para enfrentar y vencer a la poderosa maquinaria de Hillary Clinton.


O, en caso contrario, sucumbir en las urnas ante ese electorado que le sigue considerando una opción mucho peor que la peste y la amenaza terrorista.

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