Pregunta:
¿Cómo es posible que, en una nación donde el 61% de sus ciudadanos están en
contra de un Muro fronterizo —según Pew Research— la propuesta de construirlo y
obligar al gobierno de México a pagar por ello se haya convertido en el mejor
engaño y en la más formidable apuesta de Donald Trump para conquistar la
presidencia de EU?
Respuesta:
Porque el racismo sigue siendo el más poderoso combustible para movilizar al
electorado de EU, principalmente, al electorado blanco, conservador y poco
educado.
Ese
segmento de la población, al que se le ha colocado la infame etiqueta de “white trash” (la basura blanca), un término
tan sospechoso como el de “red neck” (cuellos rojos) para referirse a esos
ciudadanos blancos y de la América profunda.
Esos
que siempre han visto con recelo a quienes no tienen el mismo color de piel,
que no comparten la misma cultura o un pasado en común, y no le rezan al mismo
Dios.
Esta
es, precisamente, la principal base electoral de Donald Trump, un millonario de
conocida vena racista que se ha convertido en el líder providencial del hombre
blanco, pobre y poco educado.
Cuando
Donald Trump se embarcó en la aventura de conquistar la presidencia de EU, su
mejor recurso para ganarle a un puñado de políticos profesionales, fue su
promesa de construir un Muro (que sería pagado por México) y agitar el
espantajo de la inmigración indocumentada.
Sus ataques contra los inmigrantes,
principalmente los de origen mexicano, a quienes presentó como “asesinos,
violadores y traficantes de drogas”, le permitieron derrotar a sus 16
contrincantes y, al final, hacerse con la nominación del partido republicano.
Hoy,
con la bendición de un partido que ha sido devorado por sus contradicciones internas
y la desmedida ambición de Trump, el candidato republicano se ha convertido en
el oficiante de una ceremonia de la confusión en la que, un día, asegura que
construirá el Muro y jamás habrá amnistía para los “ilegales”.
Pero,
al día siguiente, insinúa que podría haber un “plan secreto” o cierta forma de
amnistía para aquellos que no tengan antecedentes criminales y tengan arraigo
en EU.
¿Cuál
es en realidad el plan de Donald Trump?
Cuando
Donald Trump anunció su plan para deportar a millones de indocumentados, un
grupo de expertos de organizaciones como el Center For American Progress (CAP)
y la American Action Forum (AAF) estimaron que esta misión, rayana en lo
imposible, costaría aproximadamente 114 mil millones de dólares en el corto
plazo y, en el largo, hasta 620 mil millones de dólares.
Al
mismo tiempo, la fuerza laboral se vería impactada por la extracción de 11
millones de personas en edad productiva y el PIB se contraería en un 5.7% o en
1.6 billones de dólares.
Cuando
el Senado de EU aprobó el último proyecto de reforma migratoria en junio de
2013, propuso una inversión de 30 mil millones de dólares para reforzar la
seguridsd fronteriza. Un mes más tarde, el diario The Washington Post reveló
que, en realidad, y ante las presiones ejercidas por un poderoso grupo de
cabilderos de la industria militar, la factura se elevaría hasta los 46,300
millones de dólares entre el 2014 y el 2023.
Eso
sin tomar en cuenta los costos anuales de mantenimiento de la seguridad
fronteriza que rondan entre los 18 mil y los 20 mil millones de dólares, según
las cifras ofrecidas por la ex Secretaria de Seguridad Interna (DHS), Janet
Napolitano, hacia fines de 2013.
Ante
el elevado costo que supondría expulsar a millones de indocumentados y reforzar
la seguridad fronteriza, la pregunta obligada es: ¿hasta qué punto es realista
la propuesta de Donald Trump de expulsar a millones y sellar la frontera con
México?
Para
quienes hemos cubierto durante muchos años la crisis migratoria en EU, el
engañoso discurso de Donald Trump tiene, como toda mentira, las patas muy
cortas. Y, si bien es cierto que la idea
de deportar de la noche a la mañana a millones es imposible, también lo es la
posibilidad de que Donald Trump se convierta en un alma caritativa y nos
sorprenda con una oferta de amnistía parcial para millones de indocumentados
una vez que gane las elecciones y juramente como presidente de EU.
Para
aquellos que aún creen en esta posibilidad, habría que recordarles que Donald
Trump tiene a su lado a un personaje como Kris Kobach, Secretario de Estado en
Kansas, y el responsable de la guerra de baja intensidad que se ha librado
contra la comunidad inmigrante durante casi 10 años.
Autor de iniciativas como la SB-1070 que ha
generado un ambiente de racismo galopante y persecución en Arizona, Kobach es
el principal consejero de Trump en el frente migratorio.
Por ello mismo, creer
que Donald Trump y, sobre todo, Kris Kobach renunciarían a la posibilidad de
impulsar iniciativas de ley, que les permitirían hacer realidad sus sueños de
deshacerse de la inmigración indocumentada mediante técnicas de
“autodeportación”, no sólo es poco realista, sino que es de una ingenuidad
insultante.

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