jueves, 8 de septiembre de 2016

El Muro fronterizo de Donald Trump

                                                                                              Foto: David Brooks


Pregunta: ¿Cómo es posible que, en una nación donde el 61% de sus ciudadanos están en contra de un Muro fronterizo —según Pew Research— la propuesta de construirlo y obligar al gobierno de México a pagar por ello se haya convertido en el mejor engaño y en la más formidable apuesta de Donald Trump para conquistar la presidencia de EU?

Respuesta: Porque el racismo sigue siendo el más poderoso combustible para movilizar al electorado de EU, principalmente, al electorado blanco, conservador y poco educado.

Ese segmento de la población, al que se le ha colocado la infame etiqueta de  “white trash” (la basura blanca), un término tan sospechoso como el de “red neck” (cuellos rojos) para referirse a esos ciudadanos blancos y de la América profunda.

Esos que siempre han visto con recelo a quienes no tienen el mismo color de piel, que no comparten la misma cultura o un pasado en común, y no le rezan al mismo Dios.

Esta es, precisamente, la principal base electoral de Donald Trump, un millonario de conocida vena racista que se ha convertido en el líder providencial del hombre blanco, pobre y poco educado.

Cuando Donald Trump se embarcó en la aventura de conquistar la presidencia de EU, su mejor recurso para ganarle a un puñado de políticos profesionales, fue su promesa de construir un Muro (que sería pagado por México) y agitar el espantajo de la inmigración indocumentada. 

Sus ataques contra los inmigrantes, principalmente los de origen mexicano, a quienes presentó como “asesinos, violadores y traficantes de drogas”, le permitieron derrotar a sus 16 contrincantes y, al final, hacerse con la nominación del partido republicano.

Hoy, con la bendición de un partido que ha sido devorado por sus contradicciones internas y la desmedida ambición de Trump, el candidato republicano se ha convertido en el oficiante de una ceremonia de la confusión en la que, un día, asegura que construirá el Muro y jamás habrá amnistía para los “ilegales”.

Pero, al día siguiente, insinúa que podría haber un “plan secreto” o cierta forma de amnistía para aquellos que no tengan antecedentes criminales y tengan arraigo en EU.

¿Cuál es en realidad el plan de Donald Trump?

Cuando Donald Trump anunció su plan para deportar a millones de indocumentados, un grupo de expertos de organizaciones como el Center For American Progress (CAP) y la American Action Forum (AAF) estimaron que esta misión, rayana en lo imposible, costaría aproximadamente 114 mil millones de dólares en el corto plazo y, en el largo, hasta 620 mil millones de dólares.

Al mismo tiempo, la fuerza laboral se vería impactada por la extracción de 11 millones de personas en edad productiva y el PIB se contraería en un 5.7% o en 1.6 billones de dólares.

Cuando el Senado de EU aprobó el último proyecto de reforma migratoria en junio de 2013, propuso una inversión de 30 mil millones de dólares para reforzar la seguridsd fronteriza. Un mes más tarde, el diario The Washington Post reveló que, en realidad, y ante las presiones ejercidas por un poderoso grupo de cabilderos de la industria militar, la factura se elevaría hasta los 46,300 millones de dólares entre el 2014 y el 2023.

Eso sin tomar en cuenta los costos anuales de mantenimiento de la seguridad fronteriza que rondan entre los 18 mil y los 20 mil millones de dólares, según las cifras ofrecidas por la ex Secretaria de Seguridad Interna (DHS), Janet Napolitano, hacia fines de 2013.

Ante el elevado costo que supondría expulsar a millones de indocumentados y reforzar la seguridad fronteriza, la pregunta obligada es: ¿hasta qué punto es realista la propuesta de Donald Trump de expulsar a millones y sellar la frontera con México?

Para quienes hemos cubierto durante muchos años la crisis migratoria en EU, el engañoso discurso de Donald Trump tiene, como toda mentira, las patas muy cortas. Y, si  bien es cierto que la idea de deportar de la noche a la mañana a millones es imposible, también lo es la posibilidad de que Donald Trump se convierta en un alma caritativa y nos sorprenda con una oferta de amnistía parcial para millones de indocumentados una vez que gane las elecciones y juramente como presidente de EU.

Para aquellos que aún creen en esta posibilidad, habría que recordarles que Donald Trump tiene a su lado a un personaje como Kris Kobach, Secretario de Estado en Kansas, y el responsable de la guerra de baja intensidad que se ha librado contra la comunidad inmigrante durante casi 10 años.


 Autor de iniciativas como la SB-1070 que ha generado un ambiente de racismo galopante y persecución en Arizona, Kobach es el principal consejero de Trump en el frente migratorio. 

Por ello mismo, creer que Donald Trump y, sobre todo, Kris Kobach renunciarían a la posibilidad de impulsar iniciativas de ley, que les permitirían hacer realidad sus sueños de deshacerse de la inmigración indocumentada mediante técnicas de “autodeportación”, no sólo es poco realista, sino que es de una ingenuidad insultante.

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