sábado, 1 de octubre de 2016

La Bella contra la Bestia







                                                             Fotos: AFP y AP

De un lado tenemos a esa mujer de 39 años, una inmigrante venezolana surgida de las pasarelas de los concursos de belleza —que Donald Trump llegó a considerar parte de su colección particular—, pero que hoy regresa transformada en ciudadana y en heroína de las mujeres y la causa de los inmigrantes en Estados Unidos.

Gracias a Alicia Machado hoy sabemos lo que sospechábamos. Que a Donald Trump nunca le han gustado las mujeres gordas y feas. Y que, en el mundo de Trump, si eres latino o latina, tu estatus social difícilmente puede ir más allá de lava platos, o de camarera en Estados Unidos.

Hoy sabemos gracias a esta ex reina de belleza que, a Donald Trump, le sacan de quicio las mujeres que le desafían o se atreven a ponerlo a su lugar. O que le ganan en los debates por la presidencia, como hizo Hillary Clinton en su primer cara a cara.

Del otro lado tenemos a Donald Trump, un millonario acostumbrado a salirse siempre con la suya. Un ser educado en la superioridad de raza; en ese excepcionalismo gringo selectivo sólo permitido al hombre blanco y privilegiado, pero no a la mujer, o al ciudadano de raza negra o de origen hispano.

A Donald Trump se le ocurrió un día que podría convertirse en presidente de Estados Unidos. Su mujer Melania, esa inmigrante de origen esloveno, que nunca pudo aclarar cómo es que trabajó legalmente en Estados Unidos sin tener una visa de trabajo, le susurró un día al oído que si se presentaba como candidato a la presidencia, seguro que ganaría.

Hoy, ahí tenemos las consecuencias. Una nación dividida, un partido republicano emasculado por las corrientes más racistas y extremistas, y un candidato a la presidencia fuera de control y en guerra constante contra las mujeres, los inmigrantes, los periodistas, los mexicanos, los negros y los discapacitados.

¿Cómo explicar este insólito duelo entre la Bella y la Bestia en el contexto de una lucha por la presidencia en el siglo XXI y en Estados Unidos, la que se supone que es la democracia más avanzada del planeta?

Una pista nos la ofrece Mark Lilla, un periodista, autor e historiador de la Universidad de Columbia.

En su último libro, “The Shipwrecked Mind: On Political Reaction” (que podría traducirse o parafrasearse como “La mente del náufrago y los políticos reaccionarios”), Lilla nos ofrece algunos elementos que podrían ayudar a entender el actual ambiente de zozobra y desconcierto y el surgimiento de personajes como Donald Trump en Estados Unidos.

La propuesta de Lilla es tan simple como esclarecedora. Según él, durante los últimos 200 años la política en Occidente en general y en EU en particular, ha estado dominada por el espíritu y la gesta de la revolución en todos los ámbitos.

Pero, al mismo tiempo que el fervor revolucionario ha empujado el carro del progreso, la modernidad y la globalización, el miedo de los reaccionarios por el “Edén”, o por el “mundo perdido”, ha avanzado de forma paralela.

“La mente de un reaccionario es la mente de un náufrago. Donde muchos ven el río del tiempo fluyendo como siempre, el reaccionario contempla los restos de un paraíso a la deriva…Cada mayor transformación social deja detrás de sí un Edén que puede servir de objeto de nostalgia para los reaccionarios.

“Y los reaccionarios de nuestro tiempo han descubierto que la nostalgia puede ser un poderoso revulsivo social y político. Quizá más poderoso que la esperanza. La esperanza puede ser decepcionante. Pero la nostalgia es irrefutable”.

Con esta reflexiión, Lille nos ayuda a entender mejor cómo ha sido posible que, una inmigrante como Alicia Machado, a quién Trump llamó alguna vez “Miss camarera”, ha sido capaz de desquiciarlo y mantenerlo en duermevela maquinando su venganza por haber permitido que Hillary contara su historia y lo derrotara durante su primer debate.


Hoy, el duelo entre esta Bella inmigrante, contra esa Bestia acostumbrada a mandar y a explotar a mujeres e inmigrantes desde las alturas de su lujosa Torre en Manhattan, es la representación de esos dos mundos en colisión, en donde el futuro de una esperanza más diversa y plural se abre paso para desafiar al mundo perdido de los reaccionarios que ven atemorizados el fin de su Edén o de su mundo perdido.

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