Foto/AP
Desconozco
si la sorpresiva gira de Donald Trump a México incluye una visita a la Basílica
de la Virgen de Guadalupe. Debería. Sólo un milagro podría devolverle el apoyo
del electorado hispano en las elecciones del próximo 8 de noviembre.
Ni
su encuentro en la intimidad con el presidente Enrique Peña Nieto en Los Pinos
podría salvarlo del voto de castigo de esa comunidad latina que, junto con la
afroestadounidense y la asiática, representan poco más de un tercio del
electorado en EU.
Para
alguien que sólo cuenta con el 19% del respaldo entre la comunidad hispana
contra el 67% de Hillary Clinton —según la más reciente encuesta de Univisión—,
su viaje a México es un desesperado intento por rehuir de lo inevitable.
Y
un recurso que le permitirá justificar su súbita “moderación” con el anuncio,
éste miércoles desde la ciudad de Phoenix, Arizona, de que ya no piensa crear
una fuerza de deportación masiva para expulsar a más de 11 millones de
personas.
Aunque,
eso sí, proseguirá con sus planes para construir un Muro inexpugnable en la
frontera con México.
Cuando
el entonces candidato republicano a la presidencia, John McCain, visitó la
Basílica de Guadalupe, en julio de 2008, con la esperanza de granjearse el
apoyo del electorado hispano, las encuestas le daban un respaldo del 22% entre
esa comunidad.
La
visita de McCain a la Guadalupana, acompañado del entonces embajador en México,
Tony Garza y del gobernador de Florida, Jeb Bush, se convirtió en preámbulo de
su encuentro en Los Pinos con el entonces presidente, Felipe Calderón, el
primero en inaugurar la extravagante práctica de dejarse utilizar por un
candidato en contienda en EU.
Hoy
sabemos que, ni su visita a la Virgen de Guadalupe, ni su encuentro con Calderón,
salvaron a McCain de una derrota sin paliativos frente a Barack Obama que se
alzó triunfal en noviembre de 2008 con el 67% del voto hispano.
Llegados
a este punto, vale la pena preguntarse; ¿qué sentido tiene entonces la
inesperada visita de Donald Trump a la nación y al pueblo que más ha insultado
y por el que siente un desprecio sólo comparable a su desmedida ambición por el
poder?
En
el curso de las últimas horas, y desde
el anuncio de esta visita relámpago de Trump a la Ciudad de Mexico, la reacción
de condena contra la decisión del gobierno mexicano ha sido devastadora en las
redes sociales. Hacia ambos lados de la frontera, el consenso es que la
presidencia de México ha cometido un error que pasará a la historia como una de
las peores muestras de ignorancia y torpeza política.
Personajes
como el ex presidente, Vicente Fox, han advertido en entrevista con la cadena
CNN que con esta decisión, el presidente Peña Nieto corre el riesgo de pasar a
la historia como “un traidor”.
“Pido
disculpas por esta decisión”, añadió Fox para ganar la indulgencia de la
comunidad inmigrante de origen mexicano, que hoy sigue sin entender la decisión
del presidente de México.
En
su mensaje, el presidente Enrique Peña Nieto ha asegurado que esta invitación
al diálogo hacia Donald Trump tiene, entre otros fines, “proteger a los
mexicanos donde quiera que estén”.
Es
decir, de racistas y matones como Donald Trump que han tratado a la comunidad
mexicana como la peor escoria sobre la faz de la tierra. Que les han presentado
como criminales, violadores y traficantes de drogas.
En
este sentido, habría que decir que, la mediación del presidente de México no
sólo resulta innecesaria, sino que incluso es contraproducente.
Hoy
la comunidad inmigrante mexicana es la que protege al gobierno de México de la
impaciencia, la frustración y el descontento de sus ciudadanos con el envío de
remesas que se han convertido en la válvula de escape de tanta presión social y
en la tabla de salvación de sus maltrechas finanzas gubernamentales.
Por
tanto, los más perjudicados de este encuentro en la intimidad en la residencia
oficial de Los Pinos serán Enrique Peña Nieto y Donald Trump, dos extraños
compañeros de viaje que, por alguna razón incomprensible, han llegado al
convencimiento de que, al utilizarse mutuamente, podrán escapar de una derrota
en las urnas y de los abrumadores índices de rechazo y antipatía.
Buena
suerte. Sólo un milagro podrá salvarlos.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario