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Quizá
quien mejor ha definido el insidioso ataque de Donald Trump contra Hillary
Clinton, ha sido la senadora demócrata por Massachussetts, Elizabeth Warren:
“Donald
Trump hace amenazas de muerte porque es un patético cobarde que esta perdiendo
(las elecciones) con una mujer”.
Ouch…
Para
nadie es un secreto que Donald Trump, un magnate acostumbrado a amenazar y a
medrar con su ejército de abogados, siempre ha sido un mal perdedor. Quien
conoce bien al magnate sabe que, si no se sale con la suya, es capaz de casi
todo.
Thomas
Wells, un abogado que trabajó para Donald Trump hacia fines de los 80, ha
tenido el valor de salir a la escena pública para pedir a los electores que no
voten por su antiguo patrón.
“Su
Ego no conoce fronteras. Y su baja estatura moral y su propensión a mentir todo
el tiempo son preocupantes”, ha asegurado en un articulo publicado en The
Huffington Post.
En
medio de una fase crucial de la campaña por la presidencia de EU, Donald Trump
ha vuelto a enseñar el cobre, dejando al descubierto las bajezas de su
carácter.
El
pasado martes, el candidato republicano aprovechó un acto de campaña en
Carolina del Norte, para sugerir a los defensores de la Segunda Enmienda
“encargarse” de Hillary Clinton, en caso de que ésta gane las elecciones en
noviembre próximo y sucumba a la tentación de designar a jueces que están en
contra del derecho a portar armas.
“Si
Hillary Clinton gana las elecciones sería horrible porque entonces no habrá
nada que puedan hacer amigos (porque entonces podría designar a los magistrados
más identificados con la línea demócrata y más progresista). Aunque la gente de la Segunda Enmienda tal
vez si pueda… no sé”, dijo Trump al sugerir así un atentado contra la candidata
demócrata.
Por
cierto, Hillary Clinton nunca ha sugerido abolir la Segunda Enmienda
Constitución, una misión imposible dado el complicado proceso que se requiere
para enmendar la Constitución y también dado el actual ambiente de paranoia
colectiva contra la amenaza terrorista.
Lo
que si ha propuesto Clinton, en medio de una epidemia de violencia por armas de
fuego, es una legislación para regular de forma más eficaz el mercado de las
armas.
En
un país donde los atentados contra presidentes como John F Kennedy y Ronald
Reagan dejaron constancia de lo fácil que es atentar contra la vida de un
mandatario, la clase política ha aprendido a hacer un uso prudencial de las
palabras durante sus actos de campaña para no agitar los odios que casi siempre
terminan en tragedia.
En
un ambiente tan polarizado como el que vive hoy Estados Unidos, el pastizal del
descontento clama al cielo por un rayo, por una chispa que lo incendie todo.
Según
Pew Research, el ambiente de encono y división ha alcanzado en EU cuotas sin
precedentes en las últimas décadas. El fenómeno del racismo, la segregación
racial que se ha transformado en una forma de segregación económica afecta a
todos por igual. La creciente brecha entre quienes todo lo tienen y una clase
media que ha empobrecido a niveles sin precedentes en los últimos 40 años, ha
emponzoñado el discurso político.
Según
Pew Research, el llamado centro político, ese espacio de diálogo y tolerancia,
ha encogido en un 10% entre 1994 y 2014. En consecuencia, los extremos se han
ensanchado a niveles sin precedentes. El resurgimiento de los movimientos
supremacistas y de extrema derecha ha vuelto a niveles no vistos desde fines de
los 90, y el movimiento progresista o liberal que impulsó la candidatura del
senador por Vermont, Bernie Sanders, dejó constancia del resurgimiento del ala
izquierda en el seno de la base demócrata.
En
otras palabras, el centro político parece lanzar sus últimos estertores.
En
este ambiente, Donald Trump, un millonario que se ha beneficiado de la peor
racha de explotación y de precarización del mercado laboral, ha llegado para
incendiarlo todo. Para llamar a una revuelta contra el poder político y tratar
de dar marcha atrás a los logros de la era de Barack Obama, el hombre por el
que siente una animadversión manifiesta.
Donald
Trump se ha propuesto llegar a la Casa Blanca en hombros del odio, del racismo,
de los miedos del hombre blanco y poco educado preocupado por el cambio de
paisaje demográfico y por los avances de la mujer y la comunidad gay en esos
ámbitos en donde él lo dominaba todo.
Y,
ese afán, Donald Trump no parece dispuesto a que una mujer se le cruce en el
camino.
En
medio de una tormenta, el candidato republicano asegura que él nunca sugirió
asesinar a Hillary Clinton. El candidato republicano insiste en culpar al
mensajero, asegurando que los medios de comunicación han falseado sus palabras.
Que él sólo quiso dejar constancia de su lealtad hacia el movimiento de la
Segunda Enmienda, mientras Hillary sólo quiere arrebatar a los ciudadanos un
derecho constitucional y la única defensa que tienen para proteger sus vidas y
sus propiedades.
Pero,
para quien entiende bien el lenguaje de la insidia y la incitación a la muerte
y la violencia, Donald Trump no sólo no tiene defensa. Sino que, además, se
merece una condena sin paliativos.
En
este sentido, el escritor británico, Salman Rushdie, ha asegurado desde su
cuenta de twitter: “Para alguien que domina el idioma como yo, la incitación a
la violencia (de Donald Trump contra Hillary Clinton) se ha entendido
claramente”.
Y
remató: “¿Que se puede hacer con un candidato presidencial que especula sobre
el futuro asesinato de su victorioso rival?. No abucheen. Voten”.

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