miércoles, 10 de agosto de 2016

La cobardía de Donald Trump

                                                                                Foto/AP


Quizá quien mejor ha definido el insidioso ataque de Donald Trump contra Hillary Clinton, ha sido la senadora demócrata por Massachussetts, Elizabeth Warren:

“Donald Trump hace amenazas de muerte porque es un patético cobarde que esta perdiendo (las elecciones) con una mujer”.

Ouch…

Para nadie es un secreto que Donald Trump, un magnate acostumbrado a amenazar y a medrar con su ejército de abogados, siempre ha sido un mal perdedor. Quien conoce bien al magnate sabe que, si no se sale con la suya, es capaz de casi todo.

Thomas Wells, un abogado que trabajó para Donald Trump hacia fines de los 80, ha tenido el valor de salir a la escena pública para pedir a los electores que no voten por su antiguo patrón.

“Su Ego no conoce fronteras. Y su baja estatura moral y su propensión a mentir todo el tiempo son preocupantes”, ha asegurado en un articulo publicado en The Huffington Post.

En medio de una fase crucial de la campaña por la presidencia de EU, Donald Trump ha vuelto a enseñar el cobre, dejando al descubierto las bajezas de su carácter.

El pasado martes, el candidato republicano aprovechó un acto de campaña en Carolina del Norte, para sugerir a los defensores de la Segunda Enmienda “encargarse” de Hillary Clinton, en caso de que ésta gane las elecciones en noviembre próximo y sucumba a la tentación de designar a jueces que están en contra del derecho a portar armas.

“Si Hillary Clinton gana las elecciones sería horrible porque entonces no habrá nada que puedan hacer amigos (porque entonces podría designar a los magistrados más identificados con la línea demócrata y más progresista).  Aunque la gente de la Segunda Enmienda tal vez si pueda… no sé”, dijo Trump al sugerir así un atentado contra la candidata demócrata.

Por cierto, Hillary Clinton nunca ha sugerido abolir la Segunda Enmienda Constitución, una misión imposible dado el complicado proceso que se requiere para enmendar la Constitución y también dado el actual ambiente de paranoia colectiva contra la amenaza terrorista.

Lo que si ha propuesto Clinton, en medio de una epidemia de violencia por armas de fuego, es una legislación para regular de forma más eficaz el mercado de las armas.

En un país donde los atentados contra presidentes como John F Kennedy y Ronald Reagan dejaron constancia de lo fácil que es atentar contra la vida de un mandatario, la clase política ha aprendido a hacer un uso prudencial de las palabras durante sus actos de campaña para no agitar los odios que casi siempre terminan en tragedia.

En un ambiente tan polarizado como el que vive hoy Estados Unidos, el pastizal del descontento clama al cielo por un rayo, por una chispa que lo incendie todo.

Según Pew Research, el ambiente de encono y división ha alcanzado en EU cuotas sin precedentes en las últimas décadas. El fenómeno del racismo, la segregación racial que se ha transformado en una forma de segregación económica afecta a todos por igual. La creciente brecha entre quienes todo lo tienen y una clase media que ha empobrecido a niveles sin precedentes en los últimos 40 años, ha emponzoñado el discurso político.

Según Pew Research, el llamado centro político, ese espacio de diálogo y tolerancia, ha encogido en un 10% entre 1994 y 2014. En consecuencia, los extremos se han ensanchado a niveles sin precedentes. El resurgimiento de los movimientos supremacistas y de extrema derecha ha vuelto a niveles no vistos desde fines de los 90, y el movimiento progresista o liberal que impulsó la candidatura del senador por Vermont, Bernie Sanders, dejó constancia del resurgimiento del ala izquierda en el seno de la base demócrata.

En otras palabras, el centro político parece lanzar sus últimos estertores.

En este ambiente, Donald Trump, un millonario que se ha beneficiado de la peor racha de explotación y de precarización del mercado laboral, ha llegado para incendiarlo todo. Para llamar a una revuelta contra el poder político y tratar de dar marcha atrás a los logros de la era de Barack Obama, el hombre por el que siente una animadversión manifiesta.

Donald Trump se ha propuesto llegar a la Casa Blanca en hombros del odio, del racismo, de los miedos del hombre blanco y poco educado preocupado por el cambio de paisaje demográfico y por los avances de la mujer y la comunidad gay en esos ámbitos en donde él lo dominaba todo.

Y, ese afán, Donald Trump no parece dispuesto a que una mujer se le cruce en el camino.

En medio de una tormenta, el candidato republicano asegura que él nunca sugirió asesinar a Hillary Clinton. El candidato republicano insiste en culpar al mensajero, asegurando que los medios de comunicación han falseado sus palabras. Que él sólo quiso dejar constancia de su lealtad hacia el movimiento de la Segunda Enmienda, mientras Hillary sólo quiere arrebatar a los ciudadanos un derecho constitucional y la única defensa que tienen para proteger sus vidas y sus propiedades.

Pero, para quien entiende bien el lenguaje de la insidia y la incitación a la muerte y la violencia, Donald Trump no sólo no tiene defensa. Sino que, además, se merece una condena sin paliativos.

En este sentido, el escritor británico, Salman Rushdie, ha asegurado desde su cuenta de twitter: “Para alguien que domina el idioma como yo, la incitación a la violencia (de Donald Trump contra Hillary Clinton) se ha entendido claramente”.


Y remató: “¿Que se puede hacer con un candidato presidencial que especula sobre el futuro asesinato de su victorioso rival?. No abucheen. Voten”.

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