jueves, 11 de agosto de 2016

Misión: zambullirse en la mierda de Donald Trump


                                                                                    Foto/AP


A pesar de las protestas y los muchos ataques de Donald Trump contra los medios de comunicación, a quienes acusa continuamente de mentir y tratarle injustamente, algunos de los más respetados periódicos como The New York Times y USA Today se han propuesto rebuscar en el pasado del magnate para tratar de establecer la calidad de su fibra moral como aspirante a la presidencia.

Según ha confirmado el periódico USA TODAY en su edición Online, sus representantes legales y los de The New York Times han presentado un recurso ante la Suprema Corte de Nueva York, para acceder a los archivos o documentos del divorcio entre Donald Trump y su hoy ex esposa, Ivana Trump en 1990.

¿Qué interés pueden tener ambos medios al rebuscar en los pasajes más sórdidos de una relación entre un magnate acostumbrado a salirse siempre con la suya y una mujer que, al final, accedió a un acuerdo millonario para conceder el divorcio?

Precisamente, el interés de ambos medios se sustenta en el hecho de que, el mentado divorcio, se llegó a fundamentar y a conceder judicialmente por el supuesto “tratamiento cruel e inhumano” de Donald Trump hacia su entonces esposa.

Además, para ambos medios el interés público se justifica también por las acusaciones que, en la fase más escandalosa del proceso de separación, Ivana lanzó contra Donald para denunciarlo por “asalto sexual”.

La revisión de este episodio podría “resolver o aclarar una controversia que ha surgido durante la campaña (electoral) en curso”, consideran los demandantes de la información.

Otro elemento a revisar es el relacionado con la “fidelidad marital”, un asunto que Trump se ha encargado de utilizar como un latiguillo contra el matrimonio de Hillary y Bill Clinton.

En otras palabras, se trata de explorar en el siempre traicionero terreno de las “equivalencias” para descubrir hasta qué punto a Donald Trump le asiste cierto tipo de licencia o autoridad moral para ser el primero en tirar la piedra contra Bill Clinton, ciertamente un mujeriego de mucho cuidado pero que, difícilmente, podría competir con Trump y su conocida colección de amantes e infidelidades.

Precisamente, quizá seria pertinente recordar que, en 1992, Donald Trump obligó a firmar a su ex esposa Ivana un acuerdo de confidencialidad altamente restrictivo y vinculado al acuerdo legal de separación que incluyó un pago por 14 millones de dólares y la transferencia de varias mansiones y apartamentos en Connecticut, Nueva York y Palm Beach.

Es decir, Trump pagó a Ivana por un silencio que su ex mujer ha respetado como una tumba para no perder su fortuna. Un silencio que hoy medios de comunicación como USA Today y The Times se han propuesto sortear en aras de la transparencia y el interés público.

La acción de ambos medios supone un interesante ejercicio de auscultación que demuestra, hasta qué punto, el viejo oficio de separar el grano de la paja, sin dejarse corromper, ni traicionar la verdad y la confianza pública, sigue estando más vigente que nunca, a pesar de los continuos reveses propinados en nombre de los intereses creados y por ese proceso de banalización y simplificación que avanza como un cáncer por la industria de los medios.

¿Aceptará la Suprema Corte de Justicia de Nueva York este envite de los medios de comunicación para ofrecer a los electores un retrato más fiel de quien aspira a convertirse en comandante en jefe y en líder de la democracia más poderosa del planeta?

De ser así, la serie de mayor éxito en los últimos años, protagonizada por un aspirante a la presidencia que ha prometido deportar a millones de indocumentados; que amenaza con iniciar una guerra comercial con China, Japón y México. Que ha llegado al extremo de lanzar amenazas de muerte veladas contra su adversaria en la contienda por la presidencia y que ha asegurado que el presidente Barack “Hussein” Obama es el fundador de la organización terrorista del Estado Islámico (EI), deberá enfrentar su pasado con algunos de los más sórdidos pasajes de su vida marital.

O sea … The show most go on !!!!!


(El show tiene que continuar)

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