Tan
exitoso que hoy Donald Trump se encuentra a punto de “morir de éxito” ante su
incapacidad para satisfacer las expectativas generadas entre una base
conservadora que se creyó sus promesas de cambio y lo convirtió en el campeón
de los jodidos y la clase trabajadora, sin sospechar que el magnate sólo se
había propuesto organizar un montaje publicitario.
Si,
de esos que siempre ha orquestado para ganar dinero y, acto seguido, salir
corriendo para dejar a muchos con los bolsillos vacíos y la humillante
sensación de haber sido estafados .
Según
la teoría de Moore, que ofrece en su más reciente blog sin citar fuentes
aunque, eso sí, aludiendo a “ciertas gentes que cuando lean esto sabrán que las
cosas sucedieron así realmente”, todo comenzó con un plan urdido por Donald
Trump para conseguir un contrato más jugoso de la cadena NBC para la nueva
temporada de su show “The Aprentice” (El Aprendiz).
“En
pocas palabras, Trump quería más dinero. Por eso dejó caer la vieja idea de que
quería aspirar a la presidencia con la esperanza de ganar la atención (de los
ejecutivos de NBC) y para que su posición de negociación fuera más fuerte. Pero
Trump sabía muy bien, como rey de los negociantes, que cuando uno dice que va a
hacer algo equivale a dar pasos en balde. Hacer las cosas es lo que realmente
hace que te presten atención.
“Así
fue como el 16 de junio del año pasado, Trump descendió por las escaleras
automáticas doradas (de las Torres Trump) y abrió la boca (para anunciar su
candidatura presidencial). Sin tener el personal suficiente, ni una
infraestructura para competir en los 50 Estados de la Unión”, resumió Moore.
Hasta
aquí, la narración de Moore se apega a los hechos como el estiércol a los
cascos de los caballos. Cuando Donald Trump decidió echarse a la piscina de la
contienda por la presidencia, los más veteranos operadores en Washington se
rascaron incrédulos detrás de la oreja.
Sobre
todo porque, en sucesivas entrevistas, Trump aseguró que, a diferencia de otros
políticos que contratan asesores, él sólo consultaba consigo mismo:
“Hablo
conmigo mismo, en primer lugar, porque tengo un muy buen cerebro”, aseguró el
magnate para causar aún más extrañeza entre quienes saben muy bien que las
actuales campañas por la presidencia en EU se han transformado en una de las
más sofisticadas operaciones de propaganda y mercadotecnia; con ejércitos de
operadores sobre el terreno, voluntarios, facilitadores de eventos para recabar
fondos y expertos en demoscopia y meta data encargados de diseccionar el mapa
electoral de costa a costa.
En
lugar de tener a un experto como David Axelrod, como lo tuvo Barack Obama, o un Karl
Rove, como lo tuvo George W Bush durante su campaña, Donald Trump ha dependido
de su círculo más estrecho. Su hija Ivanna y su yerno, Jared Kushner, son los
verdaderos operadores de su estrategia. Incluso el director de su campaña, Paul
Manafort, quien por cierto se ha visto envuelto en un escándalo por sus
estrechos vínculos con el depuesto presidente e Ucrania, Viktor Yanukovych —un
protegido del poderoso líder ruso, Vladimir Putin—, ha reconocido que Trump es
quien dirige la campaña y que él sólo se encarga de obedecer y hacer cumplir
las órdenes que salen del primer círculo de Donald Trump.
La
ausencia de un equipo de profesionales al frente de su campaña y el desplome de
su candidatura en todas las encuestas a nivel nacional y en las de estados que
serán cruciales, han llevado a muchos a pensar que, en realidad, Donald Trump
nunca ha tenido serías intenciones de conquistar la presidencia.
¿Sabrá
algo Michael Moore que le permita hoy ir más allá de esta sospecha?
Por
el momento, los hechos se ajustan al guión de la teoría expuesta por Moore.
Tras una exitosa fase de elecciones primarias, en las que cosechó 14 millones
de votos y eliminó a 17 aspirantes incapaces de superar a Trump en sus insultos
y sus comentarios derogatorios contra los inmigrantes, los mexicanos, las
mujeres, los musulmanes, los veteranos de guerra y los discapacitados, el
candidato del partido republicano no solo parece haber tocado el techo de sus
incapacidades, sino que ya se encuentra en una fase de caída libre de la que
difícilmente podrá recuperarse de aquí a noviembre.
En
medio de una operación, lo más parecido al “achicar las aguas” del barco que se
hunde, el magnate anunció hoy importantes cambios en la cúpula de su
campaña. Pero, en lugar de pedir el auxilio de los profesionistas, decidió
echar mano de personajes como Steve Bannon, director de la página de Drudge
Report, un medio considerado como la “máquina de odio” de la extrema derecha.
Tras
conocer estos cambios, desde la derecha conservadora algunos medios criticaron
esta decisión por considerar que Trump se ha propuesto retornar a la fórmula
populista y nacionalista que le permitió alzarse con una victoria en la fase de
las primarias, pero que le arrojará en brazos de una segura derrota en las
presidenciales de noviembre próximo:
“Una
vez más, el partido republicano se ha doblegado ante 'El estúpido' y
ahora el coche del payaso se ha salido fuera de la pista. La implosión del
partido conservador ha entrado en una imparable reacción en cadena. Por lo
visto, Trump tiene un propósito, y podría demostrar ser mucho más peligroso”,
aseguró Jayson Taylor desde la página de The Resurgent, una influyente tribuna
del movimiento conservador.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario