jueves, 13 de octubre de 2016

La guerra de Donald Trump contra The New York Times… y el mundo entero


                                                        La furia de Donald Trump foto/AP




Donald Trump ha decidido que The New York Times tiene los días contados.

Que sus malas finanzas, “su desesperada lucha por seguir siendo relevante” y su periodismo “de tercer nivel” lo están llevando a la ruina.

“Probablemente ya no existirá en los próximos años…”

Donald Trump se ha puesto en plan Apocalíptico. Y todo por culpa de unas mujeres a las que The New York Times ha decidido escuchar para hacerse eco de sus denuncias de abuso sexual.

Al candidato republicano no le ha parecido bien que uno de los medios de comunicación más respetados en Estados Unidos y el mundo entero haya tomado la decisión de abrir la cloaca de sus excesos contra las mujeres a lo largo de su vida adulta.

Sobre todo cuando se ha propuesto conquistar la presidencia de Estados Unidos.

“Los antiguos editores de The New York Times se deben estar revolviendo en sus tumbas”, dijo Trump a lo largo de un incendiario mensaje en el que ha denunciado la existencia de una conjura en su contra.

Una conjura que incluye a un creciente grupo de mujeres que han decidido dar un paso al frente. Para denunciarlo como un ser despreciable, acostumbrado a “hacerle todo lo que se te dé la gana a las mujeres”, según sus propias palabras.

Esta es una conspiración de la gente “más horrible, horrible, horrible” que, en alianza con The New York Times, intentan destruirme e impedir que gane las elecciones más importantes en la historia de Estados Unidos, dice Trump con el rostro inyectado por la sangre y la desesperación.

Trump busca por todos los medios sofocar el incendio que han iniciado sus antiguas víctimas.

Como Jessica Leeds, que hace 30 años, fue asaltada por Trump durante un vuelo de primera clase a Nueva York. O Rachel Crooks, la recepcionista de 22 años que no pudo escapar a Donald Trump cuando éste la acorraló a la salida de un elevador para robarle un beso en la boca.

“Sentí lo mismo que una violación”, ha dicho esta mujer en su testimonio a The New York Times.

O Natasha Stoynoff, la reportera de la Revista People, que ha narrado la forma en que Trump la asaltó sexualmente el mismo día en que el magnate cumplía su primer aniversario de bodas con Melania:

“Cuando nos tomamos una pausa, para que Melania, que estaba embarazada, se fuera a cambiar para hacer más fotos, Trump me quiso enseñar otra parte de la casa. Quería mostrarme un cuarto en especial. Cuando quedamos solos, Trump cerró la puerta y se me abalanzó.

“Me puso contra la pared y me metió la lengua hasta la garganta”, ha revelado Stoynof en un testimonio que ha surgido del miedo y la desesperación a que Trump se convierta en el próximo presidente de EU.

Pero Donald Trump ha decidido que todo eso es mentira y que Hillary Clinton, en alianza con los medios de comunicación y Barack Obama, han decidido destruirle antes de permitir que se convierta en el próximo inquilino de la Casa Blanca.

“¡Los Clinton son unos criminales!… ¡Barack Obama es un corrupto!…”, escupe Trump desde esa colina imaginaria en la ciudad de Palm Beach, Florida, desde donde se alzó como un general enloquecido por la sed de venganza.

“El New York Times va a desaparecer”, insiste. “Lo vamos a demandar…”

En medio de este espectáculo, que promete más días de ataques rabiosos, revelaciones escandalosas y denuncias de “elecciones robadas”, Brian Stelter, analista de medios de la cadena CNN, se limitó a comentar:

“Durante mucho tiempo mucha gente pensó que Trump era una broma. Hoy vemos que es una amenaza muy seria”.

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