La furia de Donald Trump foto/AP
Donald
Trump ha decidido que The New York Times tiene los días contados.
Que
sus malas finanzas, “su desesperada lucha por seguir siendo relevante” y su
periodismo “de tercer nivel” lo están llevando a la ruina.
“Probablemente
ya no existirá en los próximos años…”
Donald Trump se ha puesto en plan Apocalíptico. Y todo por
culpa de unas mujeres a las que The New York Times ha decidido escuchar para
hacerse eco de sus denuncias de abuso sexual.
Al
candidato republicano no le ha parecido bien que uno de los medios de
comunicación más respetados en Estados Unidos y el mundo entero haya tomado la
decisión de abrir la cloaca de sus excesos contra las mujeres a lo largo de su
vida adulta.
Sobre
todo cuando se ha propuesto conquistar la presidencia de Estados Unidos.
“Los
antiguos editores de The New York Times se deben estar revolviendo en sus
tumbas”, dijo Trump a lo largo de un incendiario mensaje en el que ha
denunciado la existencia de una conjura en su contra.
Una
conjura que incluye a un creciente grupo de mujeres que han decidido dar un
paso al frente. Para denunciarlo como un ser despreciable, acostumbrado a
“hacerle todo lo que se te dé la gana a las mujeres”, según sus propias
palabras.
Esta
es una conspiración de la gente “más horrible, horrible, horrible” que, en
alianza con The New York Times, intentan destruirme e impedir que gane las
elecciones más importantes en la historia de Estados Unidos, dice Trump con el
rostro inyectado por la sangre y la desesperación.
Trump
busca por todos los medios sofocar el incendio que han iniciado sus antiguas
víctimas.
Como
Jessica Leeds, que hace 30 años, fue asaltada por Trump durante un vuelo de
primera clase a Nueva York. O Rachel Crooks, la recepcionista de 22 años que no
pudo escapar a Donald Trump cuando éste la acorraló a la salida de un elevador
para robarle un beso en la boca.
“Sentí
lo mismo que una violación”, ha dicho esta mujer en su testimonio a The New
York Times.
O
Natasha Stoynoff, la reportera de la Revista People, que ha narrado la forma en
que Trump la asaltó sexualmente el mismo día en que el magnate cumplía su
primer aniversario de bodas con Melania:
“Cuando
nos tomamos una pausa, para que Melania, que estaba embarazada, se fuera a
cambiar para hacer más fotos, Trump me quiso enseñar otra parte de la casa.
Quería mostrarme un cuarto en especial. Cuando quedamos solos, Trump cerró la
puerta y se me abalanzó.
“Me
puso contra la pared y me metió la lengua hasta la garganta”, ha revelado
Stoynof en un testimonio que ha surgido del miedo y la desesperación a que
Trump se convierta en el próximo presidente de EU.
Pero
Donald Trump ha decidido que todo eso es mentira y que Hillary Clinton, en
alianza con los medios de comunicación y Barack Obama, han decidido destruirle
antes de permitir que se convierta en el próximo inquilino de la Casa Blanca.
“¡Los
Clinton son unos criminales!… ¡Barack Obama es un corrupto!…”, escupe Trump
desde esa colina imaginaria en la ciudad de Palm Beach, Florida, desde donde se
alzó como un general enloquecido por la sed de venganza.
“El
New York Times va a desaparecer”, insiste. “Lo vamos a demandar…”
En
medio de este espectáculo, que promete más días de ataques rabiosos,
revelaciones escandalosas y denuncias de “elecciones robadas”, Brian Stelter,
analista de medios de la cadena CNN, se limitó a comentar:
“Durante mucho tiempo mucha gente pensó
que Trump era una broma. Hoy vemos que es una amenaza muy seria”.

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