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George Takei, el actor de la legendaria
serie Star Trek y un feroz activista a favor de la causa migrante en Estados
Unidos, aprovechó la abrumadora victoria de los demócratas en las elecciones
del pasado martes en Virginia y Nueva Jersey, para clavar desde su cuenta de
twiter esta puya sobre el costado de Donald Trump:
“¿Quién habría dicho que el
"muro" de Trump comenzaría en Virginia?. Con una barrera humana; un
muro formidable de votantes apasionados y movilizados, unidos por una causa
común para repudiar el Trumpismo, el racismo y la política del miedo y la
división. La gente ha hablado, Donald. Y vamos por ti…”
Más allá de un pronunciamiento puntual,
que muchos catalogarían en la categoría de “wishful thinking” (es decir de
hacerse las ilusiones), lo cierto es que la proyección ilusoria de Takei puede
tener mucho de sustento, a la luz de los resultados no sólo en Virginia y en
Nueva Jersey, sino en otras partes de Estados Unidos donde las elecciones del
pasado martes 7 de noviembre sacaron a flote el ambiente de repudio contra el
Trumpismo.
Es decir, contra la política de un
presidente que ha apostado por la división y el odio racial; por convertir a
los inmigrantes en los chivos expiatorios de todos los males y por ensanchar la
brecha que hoy divide a ricos y pobres en la nación más rica y desigual del
planeta.
A casi una semana de estas elecciones, hoy
resulta evidente que los resultados sólo ofrecen una lectura; la del referéndum
contra Donald Trump.
A manera de ejemplo, el análisis de Steven
Rogers en The Washington Post, donde vaticina que la paliza que los demócratas
propinaron a los republicanos, podría tener serias implicaciones en las
elecciones de medio término de 2018, donde las huestes republicanas de Donald
Trump se juegan el control de las dos cámaras.
En opinión de Rogers, con un índice de
aprobación de apenas el 38%, la impopularidad de Donald Trump tendría que haber
costado, como mucho, la perdida de 4 escaños en el Congreso estatal de
Virginia.
Sin embargo, el avance de los demócratas
fue de hasta 15 escaños. Todo un indicador del malestar que recorre gran parte
de Estados Unidos, por las políticas de odio antinmigrante, de odio racista y
políticas aislacionistas que amenazan el liderazgo de Estados Unidos en todo el
mundo.
Pero, si la derrota en Virginia ha sido
importante en términos numéricos o porcentuales, lo más sintomático ha sido el
perfil de los candidatos y la calidad de los votos que le han dado la espalda a
los republicanos y al Trumpismo.
Ahí, por ejemplo, está el caso de las
mujeres que apoyaron con un 61% al candidato demócrata para gobernador, Ralph
Northam. En el caso de Nueva Jersey, donde el gran perdedor fue el actual
gobernador, Chris Christie y su fallida candidata republicana, Kim Cuadango,
las mujeres respaldaron al candidato demócrata, Phil Murphy, con el 55% de los
votos.
Pero, además, dentro de ese grupo de
mujeres que votaron o que se presentaron a un cargo de elección popular, al
menos ocho son de origen latino en estados como Virginia, Georgia, Michigan y
Washington.
Durante el proceso electoral, decenas de
candidatos afroamericanos y asiáticos (incluida una refugiada vietnamita) y
varios transgénero consiguieron demostrar que cuando la participación de los
electores es masiva y diversa, los entusiastas seguidores de Donald Trump
quedan muy por detrás en las urnas.
Quizá uno de los casos más significativos
ha sido el de la demócrata Danica Roem, la primera mujer transexual en ganar un
escaño en la legislatura de Virginia. Roem, una periodista reconvertida en
política, consiguió derrotar al republicano, Bob Marshall, uno de los
conservadores más veteranos en Virginia.
A eso se refería George Takei en su
mensaje triunfal. A ese “otro” Muro que parece haber nacido tras las elecciones
del pasado martes 7 de noviembre y que podría avanzar en las elecciones de
medio término del 2018 y las presidenciales del 2020, para evitar a toda costa
la reelección de Donald Trump y atajar así las políticas de división racial y
odio antinmigrante que hoy pegan a una comunidad que vive la Era Trump como una
pesadilla.

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