Entre la comunidad inmigrante, ninguno está dispuesto a concederle el
beneficio de la duda a Donald Trump, tal y como ha sugerido el presidente
Barack Obama.
Pero tampoco tienen muchas esperanzas en el gobierno mexicano, al que
muchos siguen considerando como responsable de haberle dado “oxígeno” a la
candidatura presidencial de Donald Trump durante la visita que realizó a México
por invitación del presidente, Enrique Peña Nieto.
“Cómo vamos a concederle el beneficio de la duda a Trump si sus anuncios
y acciones lo único que anticipan es una campaña de cacería contra nuestra
gente”, me asegura Juan José Gutiérrez quien forma parte de una amplia
coalición de organizaciones defensoras de la comunidad inmigrante en Estados
Unidos que hoy viven una situación de emergencia.
“El próximo 3 de diciembre vamos a comenzar con una gran manifestación
en Los Angeles. Y el 20 de enero estaremos en Washington DC, como parte de una
gran coalición de organizaciones que ya calientan motores para estar presentes
durante la ceremonia de juramentación de Donald Trump como el 45 presidente de
EU”.
En un ambiente de zozobra, cientos de miles de inmigrantes se preparan
para lo peor, pero también para librar una difícil batalla. En consultas con
las distintas organizaciones que, durante décadas, los han defendido, se
preparan para el infierno que se les viene encima:
“Todos los días llegan a nuestras oficinas. Padres y madres de familia,
jóvenes estudiantes. Todos vienen llorando. Pidiendo consejo. La gente esta muy
asustada…”, me asegura Gutiérrez, uno de los más veteranos líderes defensores
de la comunidad migrante en el sur de California.
“Y el gobierno de México, si quiere hacer algo, que no sólo se limite a
colaborar con los planes de deportación. Si existe de verdad voluntad política,
que nos ayude con recursos para organizar a un ejército de abogados.
Porque, “en este país, independiente de lo que ha dicho Trump, todavía
tenemos derecho a defendernos ante los tribunales. No podemos simplemente
cruzamos de brazos y mirar a que arresten a nuestra gente. Quizá no se pueda
defender a todos. Pero podemos ayudar a muchos”, aseguró Gutiérrez.
“Si el gobierno de México quiere ayudarnos, tenemos que encontrar la
mejor manera de coordinar la ayuda”, enfatizó Gutiérrez harto de los falsos
redentores que no sólo no ayudan, sino que se benefician de una crisis
humanitaria sin precedentes.
En este ambiente de incertidumbre, un inesperado compañero de viaje,
Mike Vigil, ex jefe de operaciones internacionales de la DEA y curtido sobre el terreno en la lucha contra
los carteles de la droga y el crimen transnacional, advierte a La Jornada contra
un escenario de caos y violencia como no se ha visto desde la década de los 80
en Estados Unidos, México y Centroamérica:
“La gente de Donald Trump no tiene ni idea del problema que van a
generar. No conocen la frontera. No conocen a países como México. Ni están
familiarizados con los enormes problemas de seguridad en Centroamérica.
“Van a cometer la misma estupidez de la década de los 80, cuando
deportaron desde Los Angeles a cientos de pandilleros de la Mara Salvatrucha o
la M-13 y Barrio 18 hacia Centroamérica. Con el tiempo, estos deportados se
aliaron con los carteles de la droga y hoy son los principales responsables del
clima de violencia que sigue expulsando a familias enteras desde Centroamérica
y que cruzan México para tratar de alcanzar los Estados Unidos”.
Mike Vigll, un viejo lobo de mar, ve con mucha preocupación los planes
de Donald Trump para deportar, en una primera fase, hasta 3 millones de indocumentados
con récord criminal:
“El gobierno de México debería organizar una cumbre con los gobiernos de
América Central. El presidente Enrique Peña Nieto; el Secretario de
Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong y la Secretaria de Relaciones Exteriores,
Claudia Ruiz Massieu, deberían ponerse de acuerdo con sus contrapartes en
América Central y coordinar sus acciones ante esta campaña de deportaciones que
ha anunciado Donald Trump”, asegura Vigil desde la lógica de alguien que ha
visto la expansión de los carteles de la droga y su alianza con las pandillas
en Estados Unidos.
“Porque al final todos van a salir afectados. México tendrá que recibir
a los deportados que llegarán directamente de hogares de trabajadores que son
padres de familia esforzados y honrados.
Pero también, los recibirá desde las cárceles de EU. Lo mismo
Centroamérica. Y, con el tiempo, esta gente se incorporará a los carteles.
Habrá mayor inestabilidad en toda la región y habrá mayor flujo de droga hacia
Estados Unidos.
“Tienen que enfrentar una situación de
emergencia que el gobierno de Donald Trump no alcanza a entender. Tienen que actuar
rápido y de forma coordinada”, consideró Vigil mientras desde el equipo de
transición de Donald Trump, personajes como Kris Kobach, el principal responsable
de unos planes de deportación que son lo más parecidos a una campaña de
limpieza étnica, se frota las manos mientras organiza ese infierno que
consumirá a millones a partir del próximo mes de febrero.

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