viernes, 2 de marzo de 2018

La “difícil” despedida de Roberta Jacobson




                                Foto/Notimex


J. Jaime Hernández


Creo que ha sido Eliot Engel, el demócrata de mayor rango en el comité de relaciones exteriores de la Cámara de Representantes, el que mejor ha explicado la renuncia de Roberta Jacobson al cargo de embajadora de EU ante el gobierno de México:

”Desafortunadamente, la partida de Roberta (Jacobson) -—la segunda renuncia de un alto funcionario del Departamento de Estado anunciada esta semana—, es otro ejemplo de la forma en que la administración Trump está empujando a nuestros diplomáticos más experimentados hacia la salida.

“El continuo asalto de esta Casa Blanca, contra el cuerpo diplomático de Estados Unidos, está causando daños a nuestra seguridad nacional que tomará muchos años reparar “, dijo Engel mediante un escueto comunicado de prensa.

A la valoración de Engel, habría que añadir lo que resulta evidente: que las heridas causadas por Donald Trump en el tejido social de México han sido tan profundas que Edward Whitacre Jr —el ex ejecutivo de General Motors y de ATT que ha sido propuesto por la administración Trump para suceder a Jacobson como embajador—, tendrá que tragar muchos sapos antes de siquiera intentar reconciliar a la administración Trump con el pueblo mexicano.

Para entender la partida de Roberta Jacobson de México habría que tener en cuenta varios factores. El primero, la tormentosa relación que Donald Trump ha mantenido con el gobierno mexicano, a pesar de los ímprobos aunque fallidos esfuerzos del canciller, Luis Videgaray, y la torpe mediación de Jared Kushner, el yerno de Trump, por evitar el maltrato del presidente Enrique Peña Nieto y salvar la relación de un naufragio continuo.

En este sentido, Jacobson se había convertido en una convidada de piedra cada vez más frustrada y marginada.

Un factor adicional, aunque no menos importante, habría sido la decisión de la propia Roberta Jacobson de convertir la embajada de EU en México en su último puesto en el gobierno.

Tras una trayectoria de más de 30 años, en la que quizá sólo le faltó ocupar el principal despacho de Foggy Bottom, sede de la Secretaría de Estado en Washington, Jacobson había compartido con familiares y amigos su deseo de despedirse de su función pública en una embajada como la de México, un país al que, según aseguró en su nota de despedida, “llevará siempre en el corazón”.

Llegados a este punto, es obligado también hablar del recambio generacional que, tanto Jacobson como el Departamento de Estado, han aludido de forma explícita para dar paso a las nuevas generaciones de la diplomacia:

“El Departamento de Estado tiene entre sus filas el talento requerido para ocupar tanto la posición que dejará vacante Roberta Jacobson, así como la de otros funcionarios que han optado por el retiro”, aseguró la portavoz de este organismo, Heather Nauert, al comentar la renuncia de Jacobson.

Dicho esto, también sería imposible no entender la renuncia de Jacobson como parte de una sucesión de eventos desafortunados —aunque no necesariamente vinculados entre sí—, que han ocurrido como parte de una secuencia que sólo se puede entender bajo la lógica de un vendaval anti Trump desde las filas de la diplomacia estadounidense.

Algo así como una revuelta con sordina que ha surgido de la purga acometida desde el inicio de su mandato por Rex Tillerson, ex presidente ejecutivo de ExxonMobil, y actual responsable del Departamento de Estado.

(Si, el mismo que el pasado mes de febrero, reivindicó la vigencia de la Doctrina Monroe de 1823 para atajar la “interferencia” de Rusia o China en Latinoamérica).

El pasado 12 de enero, John Feeley, amigo íntimo de Jacobson y un diplomático de carrera que había servido antes como el número dos en la embajada estadounidense en México, anunció su renuncia al cargo de embajador de EU en Panamá, asegurando que no podía continuar sirviendo bajo el gobierno del presidente Donald Trump.

"Como oficial de servicio exterior hice un juramento de servir fielmente al presidente y su administración de una manera apolítica, incluso cuando no estuviera de acuerdo con ciertas políticas", dijo Feeley en su carta de renuncia.

"Mis superiores me dejaron muy en claro que,ya  si creía que no podía hacer eso, tendría el honor de renunciar. Ese momento, para mí, ha llegado”, añadió Feeley.

La salida de Feeley, “un ex marine y uno de los funcionarios más queridos en el Departamento de Estado, supuso un duro golpe a la administración de Donald Trump”, aseguró un veterano analista de la política exterior estadounidense.

En el caso de Roberta Jacobson, aunque su renuncia no ha ido acompañada de ningún pronunciamiento contra el presidente, su salida puede interpretarse como otro duro revés a la administración.

“Roberta Jacobson es una profesional muy respetada en el Departamento de Estado y en el Congreso. Por ello, su salida puede interpretarse como una gran perdida y un duro golpe”, consideró Armand Peschard, veterano analista y director general de Peschard Sverdrup International.

En muchos sentidos, la renuncia de Roberta Jacobson, lo mismo que la de John  Feeley y la de Thomas Shannon,  el subsecretario de Estado para Asuntos Políticos que también ha anunciado su pase a retiro, marcan el fin de una etapa en la política exterior de EU que se caracterizó por un intento por recomponer las relaciones frente América Latina bajo la presidencia de Barack Obama.

Un esfuerzo que Donald Trump se ha propuesto dinamitar.

Precisamente, el papel desempeñado por Roberta Jacobson en el histórico proceso de reconciliación con Cuba, ha sido uno de los elementos que la convirtieron en blanco de los ataques del sector más extremista del partido republicano.

La partida de Jacobson, en un momento crucial para México, con uno de los procesos electorales más inciertos y complejos, ha sido otro de los elementos que más han extrañado a los expertos y analistas de la compleja relación bilateral hacia ambos lados de la frontera.

“Fuimos muchos los que recomendamos no mover a Roberta en este momento tan crucial para México. Pero, la decisión de la Casa Blanca y el Departamento de Estado, dejan en evidencia que, bajo la era Trump, vivimos tiempos nada normales.

“Tiempos en los que la política exterior de EU está marcada por la improvisación, la incertidumbre y el fervor de Donald Trump por socavar la diplomacia ”, añadió un diplomático que pidió permanecer en el anonimato.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario