J. Jaime Hernández
Según asegura The Washington Post, México y otros tres países (China,
Israel y los Emiratos Árabes) habrían discutido en lo oscurito la mejor forma
de “manipular” al yerno de Donald Trump, Jared Kushner.
La pregunta obligada, más allá de un titular que —en el caso de México—,
es francamente una invitación al sarcasmo y una fuente inagotable de Memes, es:
¿Y cómo se enteraron los servicios de inteligencia gringos de las
aviesas intenciones de los mexicanos para tratar de chamaquear al yerno
preferido de Donald Trump?
La respuesta es obvia. La única red de inteligencia capaz de poner esta
información en manos del jefe del Consejo de Seguridad Nacional, H. R. McMaster,
es la Agencia Nacional de Seguridad
(NSA) que es la encargada de espiar —entre otros objetivos en todo el mundo—,
al gobierno de México, a los partidos políticos, al poder judicial, a la
policía y hasta los carteles de la droga.
Hace no mucho, un veterano funcionario de inteligencia de EU que me
pidió permanecer en el anonimato, me aseguró que desde hace mucho tiempo la
vigilancia de México depende de los sistemas de monitoreo y vigilancia de la
NSA.
“Antes nuestra red de espionaje dependía casi enteramente de la CIA.
Pero eso quedó en el pasado y ahora la NSA está al frente de esta tarea”,
aseguró.
Esta versión no es noticia nueva. De hecho, desde el año 2013 quedaron
al descubierto los programas de espionaje que permitieron monitorear desde el
2008 las llamadas telefónicas del entonces presidente, Felipe Calderón y,
posteriormente, del entonces candidato a la presidencia, Enrique Peña Nieto.
Gracias al ex analista de la CIA, Edward Snowden, nos enteramos de la
existencia y utilidad de unos programas masivos de espionaje que crecieron a la
sombra de la doctrina de seguridad nacional que surgió tras los atentados
terroristas del 11 de septiembre de 2001 y que, desde entonces, ha atizado una
guerra secreta a través de internet para espiar a organizaciones terroristas,
ciudadanos de a pie, líderes políticos de países como México, Alemania, Rusia o
Brasil, centros de desarrollo tecnológico en Europa o China o programas de
desarrollo nuclear en Irán o Corea del Norte.
Programas de espionaje --como
PRISM, XKeyscore, y Quantum—, han permitido a Estados Unidos mantenerse al
tanto de información que recaba y procesa para tratar de estar siempre un paso
por delante en materia de seguridad y para salvaguardar sus intereses en todo
el mundo, particularmente en el caso de México.
Los sistemas de espionaje de la NSA, que son capaces de interceptar
llamadas telefónicas, acceder a bases de datos de computadoras (incluso cuando
éstas han sido apagadas o no están conectadas a la red de internet), hacen un
barrido constante de la información que, posteriormente, es procesada por
analistas que entregan sus conclusiones al jefe de la Agencia Nacional de
Seguridad (NSA) y éste, a su vez, se encarga de hacer una selección para
ponerla sobre el escritorio del jefe del Consejo de Seguridad Nacional de la
Casa Blanca.
Esta es la ruta que, casi con toda seguridad, recorrió el informe de que
Jared Kushner representaba un riesgo en materia de seguridad nacional ya que,
su poca experiencia y sobre todo, su abultada deuda en el frente empresarial,
lo convertían en presa fácil de gobiernos que intentaran sacar ventaja de sus
flaquezas.
Pero, si los servicios de inteligencia de EU han sido capaces de
registrar las conversaciones privadas de funcionarios del gobierno de México,
hablando de la inexperiencia de Jared Kushner, o de las ventajas de tenerlo
como un aliado con acceso privilegiado al oído de Donald Trump, ¿alguien se imagina que los servicios de
inteligencia darían la espalda o harían oídos sordos al flujo de información
constante que reciben desde México sobre intrigas palaciegas, alianzas
inconfesas o contra natura entre líderes de distintos partidos?
¿Los servicios de inteligencia de EU se abstendrían de informar al
Consejo de Seguridad de la Casa Blanca sobre el desvío de recursos y planes de
guerra sucia electoral de cara a las presidenciales de julio próximo?
¿El gobierno de EU se abstendría de operar a favor de cualquier
candidato a la presidencia en México con base a la información que le deslizara
la NSA y los reportes de los analistas de la CIA sobre el terreno?
Por el momento, la historia y la experiencia sugieren lo contrario.
En este sentido, uno de los grandes desafíos que ha enfrentado el
gobierno de México durante casi un siglo (y lo heredará quien sea el ganador de
la silla presidencial en julio próximo), es la relación asimétrica que hemos
tenido frente a Estados Unidos en materia de espionaje e inteligencia.
A manera de ejemplo. Actualmente, las 17 agencias nacionales de inteligencia
(si se incluye a la agencia de inteligencia del departamento de Defensa),
consumen un presupuesto anual de aproximadamente 80 mil millones de dólares,
según la información filtrada por Edward Snowden en 2013.
¿Con ese presupuesto y esos recursos tecnológicos, alguien cree que EU
se mantendría impasible ante la sola sospecha de que gobiernos extranjeros
(México entre ellos) intentarían chamaquear al yerno del presidente Trump?.
¿Se quedarían de brazos cruzados si sus intereses estuvieran en juego?

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