J. Jaime Hernández
El senador republicano, Marco Rubio, siempre ha presumido ser un buen
amigo de México.
Una convicción muy difícil de creer si nos atenemos a los hechos y a sus
acciones para torpedear la política exterior mexicana frente a Cuba. O para
dificultar las relaciones en el ámbito de la relación bilateral.
Como cuando, por ejemplo, emprendió una feroz campaña para bloquear
durante varios meses la confirmación de la actual embajadora de EU en México,
Roberta Jacobson, dañando innecesariamente la relación con el gobierno
mexicano.
Su interés por las preocupaciones de México también es difícil de
entender si revisamos su cambiante actitud (por no decir traicionera) frente a
esa comunidad inmigrante a la que ha dado la espalda más de una vez en su
ingrata lucha a favor de una reforma migratoria que les permita salir de las
sombras de la ilegalidad, la persecución y la explotación.
La última ocurrencia de Marco Rubio para presentarse como el mejor amigo
de México, y según ha dicho, salvarlo de la supuesta amenaza de los rusos en
las próximas elecciones presidenciales, ha tenido como pretexto la visita del
Secretario de Estado, Rex Tillerson a nuestro país.
El pasado miércoles 31 de enero, Rubio difundió la carta que dirigió al
Secretario de Estado la víspera de su visita a México para entrevistarse con el
presidente Enrique Peña Nieto.
En esa carta, copatrocinada por el senador demócrata por Nueva Jersey,
Bob Menéndez y por el también demócrata, Tim Caine (cuya inclusión sólo entiendo
bajo la técnica del chamaqueo), el fallido candidato a la presidencia de
Estados Unidos sugirió a Tillerson que la administración Trump debería proteger
a México de la amenaza rusa en las próximas elecciones presidenciales.
Es decir, de la misma amenaza que Estados Unidos fue incapaz, primero,
de reconocer y, luego, de contrarrestar en las pasadas elecciones, donde Donald
Trump, el candidato que nadie consideraba favorito, consiguió imponerse sobre
la “inevitable” Hillary Clinton con la supuesta ayuda de los servicios de
inteligencia rusos.
Un caso que hoy sigue siendo investigado
por el fiscal especial, Robert Muller bajo la sombra de una crisis
constitucional y ante la actitud obsecuente o francamente colaboracionista de un
nutrido grupo de senadores y congresistas del partido repubicano.
Pero el verdadero factor para reconocer a Marco Rubio como enemigo, o
espontáneo salvador del pueblo de México, es su trayectoria como Senador de
Estados Unidos y su conocida ambición como aspirante a la oficina oval de la
Casa Blanca.
Ahí tenemos el caso de Cuba y su obsesión contra todo proceso de
normalización de Washington con La Habana que apoyó en todo momento el gobierno
de México, desde el convencimiento de que era necesario ayudar a Estados Unidos
a salir del impasse y de su aislamiento frente al resto de América Latina por
su inútil empeño en seguir bloqueando a Cuba.
Su obsesión por destruir el proceso que inició el presidente Barack
Obama demostró hasta qué punto Marco Rubio había perdido contacto con la
realidad geo política del hemisferio y lo desnudó como un político oportunista
que es capaz de poner sus intereses y aspiraciones por encima de las legítimas
aspiraciones del pueblo cubano y de una sociedad estadounidense que apoya en su
mayoría (más del 62%) un proceso de reconciliación con la Isla.
Precisamente, durante las primarias del partido republicano en 2016,
Rubio intentó distinguirse del resto de los aspirantes presidenciales atacando
el proceso de reconciliación con Cuba. Su interés, por supuesto, estaba
centrado en derrotar a Jeb Bush y conseguir al mismo tiempo el voto de los
conservadores en el estado de Florida, particularmente en el enclave
anticastrista de Miami.
Hoy sabemos que la estrategia no le funcionó. Y que, a la larga, Donald
Trump le propinó una humillante derrota en su propio estado.
Su fracaso en Florida dejó en evidencia su pésimo cálculo electoral.
Pero también dejó al descubierto su miedo a perder el apoyo del bastión
anticastrista en Miami y su privilegiada zona de confort como miembro de una
comunidad cubano estadounidense que ha gozado durante décadas de excepcionales
beneficios como refugiados en Estados Unidos.
Una condición que los ha salvado de esa zona de peligro, explotación y
persecución en la que han vivido durante décadas millones de inmigrantes
indocumentados, principalmente de México.
Precisamente, la trayectoria de Rubio en el frente migratorio es quizá
el más revelador. A pesar de ser hijo de inmigrantes de Cuba y de haber apoyado
un proyecto bipartidista a favor de reforma migratoria en junio de 2013, al
final decidió darle la espalda para no perder el apoyo de su base en Miami.
De nueva cuenta, su oportunismo político y sus prisas por llegar a la
Casa Blanca, le llevaron por el camino de la traición hacia esa comunidad
inmigrante que había creído en su palabra.
En el caso de las relaciones bilaterales con México, la actitud de Rubio
ha sido igual de torpe y oportunista. Su decisión de obstaculizar la
confirmación de Roberta Jacobson como embajadora de EU en México dejó en claro
su papel como marioneta de los anti castristas de Miami y su escaso respeto por
un país al que ahora intenta rescatar de los rusos.
Al igual que el demócrata Bob Menéndez, Rubio justificó su oposición a
Jacobson bajo el argumento de que la funcionaria del Departamento de
Estado había “manipulado” el informe que
permitió sacar a Cuba de la lista de países que no cumplen en la lucha contra
el tráfico de personas.
Además, la recriminó por su “lentitud”
a la hora de responder a los abusos cometidos por el gobierno venezolano
de Nicolás Maduro.
Por si no fuera poco, Rubio también mencionó la falta de transparencia
de Jacobson para informar sobre las negociaciones y las peticiones presentadas
ante el gobierno de México para obtener la extradición de Joaquín “El Chapo”
Guzmán.
Con estos argumentos, marcados por el craso oportunismo y la
inconsistencia, Rubio le hizo un daño innecesario a la relación entre México y
EU.
¿Con estos antecedentes, alguien podría creer en la sinceridad de Marco
Rubio en su empeño por convertirse en el salvador de México frente a la
supuesta amenaza de los rusos?

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