Si sólo nos dejamos llevar por las más recientes declaraciones del
presidente electo, Donald Trump, el futuro de las relaciones entre Cuba y
Estados Unidos se encuentra hoy en un cruce de caminos, o en un paréntesis de
indefinición impuesto por un proceso de transición política en Washington.
En buena hora eligió el comandante Fidel Castro lanzar su último
suspiro. Hasta en su muerte ha resultado inconveniente y desconcertante para
los cálculos políticos de quienes siempre conspiraron en su contra desde
Washington.
Fiel a su costumbre, el presidente electo, Donald Trump, ha disparado
desde su cuenta de twitter un mensaje admonitorio para hablar del futuro de las
relaciones de su gobierno con el de Cuba:
"Si Cuba no está dispuesta a alcanzar un mejor acuerdo para el
pueblo cubano, con los cubano-estadounidenses y Estados Unidos como un todo,
pondré fin al acuerdo” (alcanzado durante la presidencia de Barack Obama), dijo
Trump, en un gesto que ha dejado muy satisfechos a quienes desde el sector más
radical del exilio cubano de Miami le apoyaron en su lucha por la presidencia.
Sin embargo, pocos días antes, el mismo Donald Trump había asegurado que
su administración haría “todo lo posible para asegurar que el pueblo cubano
pueda finalmente iniciar su camino hacia la prosperidad y la libertad”.
¿Luego entonces, Donald Trump dará marcha atrás al proceso de
reconciliación y normalización con Cuba, como prometió durante su campaña por
la presidencia?
¿O llegará a la misma conclusión que el presidente Barack Obama antes de
emprender un histórico proceso de reconciliación con la Isla?.
Es decir, que la fallida política de agresión y aislamiento de Estados
Unidos hacia Cuba necesitaba de un nuevo enfoque y de un golpe de timón
histórico y de naturaleza irreversible.
Lo malo de un proceso de transición como el que vive hoy Estados Unidos,
es que asuntos como el de Cuba quedan entrampados en una especie de limbo. En
un paréntesis de indefinición en el que se mezclan las promesas de
reconciliación de Obama, con las amenazas de Trump para meter reversa a muchas
de las órdenes ejecutivas que han allanado precisamente ese proceso de
normalización.
En este contexto, resulta imposible adelantar la decisión última de
Trump cuando asuma la presidencia en enero próximo. Nadie puede estar seguro
hoy de lo que opinará el día de mañana Trump sobre Cuba.
Por tanto, uno de los pocos recursos que nos quedan para tratar de
vaticinar el futuro de las relaciones entre estos dos países, es el de la
formulación de las políticas que definen la política exterior desde el
Departamento de Estado.
¿Y qué opinan en el Departamento de Estado?
1.— Que el fin del aislamiento y el restablecimiento de las relaciones
con Cuba era la única forma de terminar con el aislamiento de Estados Unidos
frente al resto de los países de América Latina. De hecho, tras la sexta Cumbre
de Las Américas en Cartagena, Colombia, en 2012, el recién reelecto presidente,
Barack Obama, se mostró muy sorprendido ante la persistencia de la mayoría de
los jefes de Estado de Latinoamérica que le insistieron en la necesidad de
dejar atrás el último vestigio de la Guerra Fría y reconciliarse con Cuba.
2.— En el curso de las últimas dos décadas, se han producido cambios
significativos en el seno de la comunidad cubano estadounidense que hoy es más
diversa y plural que antes. Y, a pesar de que políticos como los senadores
Marco Rubio o Bob Menéndez, insisten en la necesidad de mantener el bloqueo
hacia Cuba, la mayoría de los estadounidenses de origen cubano y de los
ciudadanos en general, apuestan hoy decididamente a favor del fin del bloqueo
contra Cuba.
De hecho, el más reciente sondeo realizado por The New York Times en
marzo pasado, reveló que cerca de 6 de cada 10 estadounidenses, o el 58%,
favorecían el proceso de normalización de relaciones de EU con Cuba, mientras
que sólo un 25% se seguían oponiendo a ello.
Y, finalmente:
3.— La muerte de Fidel Castro, quien ha servido de coartada al exilio
cubano para mantener sus privilegios y seguir defendiendo el embargo contra
Cuba durante más de 50 años, hará más difícil a la presidencia de Donald Trump
defender o justificar el retorno a una política de agresión y aislamiento que
no ha servido para nada y sólo ha provocado mucho sufrimiento
La gran pregunta, por tanto, es; la administración entrante de Donald
Trump se rendirá ante la evidencia de un proceso de normalización de relaciones
con La Habana que ha adquirido carácter irreversible en opinión de los
analistas y expertos del Departamento de Estado.
¿O meterá reversa para satisfacer a esa minoría del exilio cubano que le
apoyó en su victoria y que ha vivido en una zona de confort y privilegio en EU,
mientras millones de cubanos han sufrido durante más de medio siglo el
aislamiento más inhumano y atroz?
Sospechamos que la respuesta llegará entre el invierno y la primavera de
2017.

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