martes, 6 de diciembre de 2016

Tras la muerte de Fidel, millones en EU y en Cuba se preguntan: ¿Y ahora qué?

                                                                                     Foto/AP


Si sólo nos dejamos llevar por las más recientes declaraciones del presidente electo, Donald Trump, el futuro de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos se encuentra hoy en un cruce de caminos, o en un paréntesis de indefinición impuesto por un proceso de transición política en Washington.

En buena hora eligió el comandante Fidel Castro lanzar su último suspiro. Hasta en su muerte ha resultado inconveniente y desconcertante para los cálculos políticos de quienes siempre conspiraron en su contra desde Washington.

Fiel a su costumbre, el presidente electo, Donald Trump, ha disparado desde su cuenta de twitter un mensaje admonitorio para hablar del futuro de las relaciones de su gobierno con el de Cuba:

"Si Cuba no está dispuesta a alcanzar un mejor acuerdo para el pueblo cubano, con los cubano-estadounidenses y Estados Unidos como un todo, pondré fin al acuerdo” (alcanzado durante la presidencia de Barack Obama), dijo Trump, en un gesto que ha dejado muy satisfechos a quienes desde el sector más radical del exilio cubano de Miami le apoyaron en su lucha por la presidencia.

Sin embargo, pocos días antes, el mismo Donald Trump había asegurado que su administración haría “todo lo posible para asegurar que el pueblo cubano pueda finalmente iniciar su camino hacia la prosperidad y la libertad”.

¿Luego entonces, Donald Trump dará marcha atrás al proceso de reconciliación y normalización con Cuba, como prometió durante su campaña por la presidencia?

¿O llegará a la misma conclusión que el presidente Barack Obama antes de emprender un histórico proceso de reconciliación con la Isla?.

Es decir, que la fallida política de agresión y aislamiento de Estados Unidos hacia Cuba necesitaba de un nuevo enfoque y de un golpe de timón histórico y de naturaleza irreversible.

Lo malo de un proceso de transición como el que vive hoy Estados Unidos, es que asuntos como el de Cuba quedan entrampados en una especie de limbo. En un paréntesis de indefinición en el que se mezclan las promesas de reconciliación de Obama, con las amenazas de Trump para meter reversa a muchas de las órdenes ejecutivas que han allanado precisamente ese proceso de normalización.

En este contexto, resulta imposible adelantar la decisión última de Trump cuando asuma la presidencia en enero próximo. Nadie puede estar seguro hoy de lo que opinará el día de mañana Trump sobre Cuba.

Por tanto, uno de los pocos recursos que nos quedan para tratar de vaticinar el futuro de las relaciones entre estos dos países, es el de la formulación de las políticas que definen la política exterior desde el Departamento de Estado.

¿Y qué opinan en el Departamento de Estado?

1.— Que el fin del aislamiento y el restablecimiento de las relaciones con Cuba era la única forma de terminar con el aislamiento de Estados Unidos frente al resto de los países de América Latina. De hecho, tras la sexta Cumbre de Las Américas en Cartagena, Colombia, en 2012, el recién reelecto presidente, Barack Obama, se mostró muy sorprendido ante la persistencia de la mayoría de los jefes de Estado de Latinoamérica que le insistieron en la necesidad de dejar atrás el último vestigio de la Guerra Fría y reconciliarse con Cuba.

2.— En el curso de las últimas dos décadas, se han producido cambios significativos en el seno de la comunidad cubano estadounidense que hoy es más diversa y plural que antes. Y, a pesar de que políticos como los senadores Marco Rubio o Bob Menéndez, insisten en la necesidad de mantener el bloqueo hacia Cuba, la mayoría de los estadounidenses de origen cubano y de los ciudadanos en general, apuestan hoy decididamente a favor del fin del bloqueo contra Cuba.

De hecho, el más reciente sondeo realizado por The New York Times en marzo pasado, reveló que cerca de 6 de cada 10 estadounidenses, o el 58%, favorecían el proceso de normalización de relaciones de EU con Cuba, mientras que sólo un 25% se seguían oponiendo a ello.

Y, finalmente:

3.— La muerte de Fidel Castro, quien ha servido de coartada al exilio cubano para mantener sus privilegios y seguir defendiendo el embargo contra Cuba durante más de 50 años, hará más difícil a la presidencia de Donald Trump defender o justificar el retorno a una política de agresión y aislamiento que no ha servido para nada y sólo ha provocado mucho sufrimiento

La gran pregunta, por tanto, es; la administración entrante de Donald Trump se rendirá ante la evidencia de un proceso de normalización de relaciones con La Habana que ha adquirido carácter irreversible en opinión de los analistas y expertos del Departamento de Estado.

¿O meterá reversa para satisfacer a esa minoría del exilio cubano que le apoyó en su victoria y que ha vivido en una zona de confort y privilegio en EU, mientras millones de cubanos han sufrido durante más de medio siglo el aislamiento más inhumano y atroz?


Sospechamos que la respuesta llegará entre el invierno y la primavera de 2017.

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