viernes, 9 de diciembre de 2016

La "Junta Militar" de Donald Trump




                                        John Kelly, futuro Secretario de Seguridad Interna (DHS) foto/AP




Desde que Ulysses Grant, el victorioso general de la guerra civil ocupó la presidencia de EU (1868-1877), ningún jefe del ejecutivo había designado a tan nutrido grupo de generales para conformar un gabinete que, si nos descuidamos un poco, podría parecerse mucho a una junta militar.

Sólo faltaría por confirmar la posible designación del ex director de la CIA y general retirado, James Petraeus, como futuro Secretario de Estado. Aunque las voces en contra de añadir un cuarto general a su gabinete se han multiplicado en el curso de las últimas horas, su posible designación sería la cereza en el pastel.

Petraeus se vio obligado a renunciar en noviembre de 2012 tras admitir la filtración de información confidencial a su hoy ex amante y biógrafa, Paula Broadwell.

Por el momento, el presidente electo ha designado a los generales James Mattis, Michael Flynn y John Kelly para ocupar la Secretaría de Defensa (DOD), para encabezar el Consejo de Seguridad Nacional (NSC) y el Departamento de Seguridad Interna (DHS), respectivamente.

Para darse una idea de lo inquietante de estos nombramientos, habría que recordar que en Estados Unidos los padres fundadores siempre recelaron de la peligrosa combinación entre el poder político y militar.

De ahí el mandato constitucional de supeditar a los generales a un poder civil y de exigir que cualquier militar que sea designado como Secretario de Defensa demuestre un proceso de separación de, al menos, 7 años entre su cargo como militar en activo y su reincorporación a la vida civil.

En este caso, por ejemplo, el general James Mattis, quien ha sido designado Secretario de Defensa, ocupó hasta marzo de 2013 el cargo de Comandante en Jefe del Comando Central.

Por tanto, tendrá que recibir una dispensa especial del Congreso para poder asumir el cargo a partir de 2017.

Por razones de interés para México, nos concentraremos en dos casos; el del general John Kelly, de 66 años y quien se jubiló en enero pasado. Kelly ha sido designado como el futuro Secretario de Seguridad Interna (DHS), el equivalente al Secretario de Gobernación en México.

El segundo caso es el de Michael Flynn, un general que encabezó hasta el mes de agosto de 2014 la poderosa Agencia de Inteligencia del Departamento Defensa (DIA). Flynn estará al frente del Consejo de Seguridad Nacional (NSC), es decir, será el hombre que susurrará directamente al oído del presidente, Donald Trump, sobre los más asuntos más urgentes en materia de seguridad.

En el capítulo de John Kelly, habría que recordar que hasta el pasado mes de enero ocupó la jefatura del Comando Sur, una responsabilidad que lo convirtió en el custodio de la seguridad de Estados Unidos desde la frontera sur de México hasta la Patagonia.

¿Que rasgos y antecedentes habría que destacar del general retirado John Kelly?

Durante una audiencia realizada el 15 de marzo de 2015, ante el comité senatorial de servicios armados que presidía el senador por Arizona, John McCain, el general John Kelly consideró como “extremadamente seria” la amenaza de células terroristas infiltrándose a través de la frontera con México:

“Si un terrorista o cualquier persona quiere entrar en nuestro país, sólo pagan la tarifa (que les piden los coyotes o miembros del crimen organizado para cruzarlos). Nadie revisa sus pasaportes. Nadie. No pasan por detectores de metales. A nadie le importa por qué están viniendo. Simplemente viajan en esta red (que se dedica a traficar inmigrantes)”, aseguró Kelly ante la mirada complacida de John McCain.

Habría que decir que, a John McCain, siempre le ha tenido debilidad por los testimonios de aquellos funcionarios policiales o militares que agitan el espantajo de “la amenaza terrorista” que busca cruzar la frontera con México.

Gracias a esa narrativa, McCain ha podido solicitar más recursos para garantizar “la seguridad fronteriza” que, actualmente, devora un presupuesto de más de 18 mil millones de dólares al año, si nos atenemos a las cifras proporcionadas en 2013 por la entonces Secretaria de Seguridad Interna (DHS), Janet Napolitano.

En el caso de John Flynn, habría que destacar que apenas en agosto pasado declaró que fuentes de inteligencia de la patrulla fronteriza le habían informado sobre el riesgo de “terroristas islámicos” cruzando la frontera por México.

En una entrevista con Breibart, uno de los medios favoritos de la extrema derecha y especializados en propagar información falsa o cargada de tintes racistas, Flynn llegó a asegurar que incluso le habían informado que los terroristas islámicos habían decidido pactar con los carteles de la droga mexicanos para obtener paso libre a través de “líneas de entrada” controladas por el crimen organizado en la frontera.

Según señaló, él mismo había visto fotos con señales escritas en árabe para marcar estas “líneas de entrada” en el estado de Texas.

“El aumento de musulmanes y musulmanes radicalizados entrando en nuestro país ilegalmente es algo a lo que deberíamos poner mucha atención”, aseguró Flynn en esa entrevista.

A pesar de los testimonios ofrecidos tanto por Flynn, como por Kelly (este último, por cierto, un entusiasta de la colaboración con la CIA, con la DEA y con los generales de las fuerzas armadas en Latinoamérica), lo cierto es que ningún informe del DHS ha confirmado hasta la fecha la infiltración de terroristas vinculados a organizaciones como Al Qaeda o al Estado Islámico a través de la frontera con México.

Pero, al parecer, su narrativa ha sido un elemento poderoso para Donald Trump a la hora de designarlos como sus futuros responsables del Consejo de Seguridad Nacional (NSC) y del Departamento de Seguridad Interna (DHS) para impulsar el reforzamiento con la frontera con México y estrechar la colaboración con agencias de inteligencia para detectar la presencia de células terroristas en ese corredor que va desde América del Sur, Centroamérica y la República Mexicana.

Un detalle adicional. El general Kelly fue clave a la hora de reforzar la seguridad fronteriza de México con Guatemala para evitar la hemorragia de niños refugiados que han desbordado los puestos fronterizos de EU desde el verano de 2014.

Precisamente, la crisis de los niños refugiados que salían desde Centroamérica, huyendo de la violencia criminal, del caos y anarquía generado por los carteles de la droga, de la pobreza endémica, de la exclusión social y de las pandillas, envalentonó a un nutrido grupo de “halcones” que exigieron a México el reforzamiento de su frontera.

Kelly fue el encargado de culminar con esa misión, mientras proclamaba la falta de seguridad de esa frontera entre México y Guatemala representaba una “amenaza existencial” para EU.

Una última consideración: hacia fines de 2012, en medio de una ola de escándalos de abusos sexuales, infidelidades matrimoniales y filtración de documentos clasificados que salpicaron a generales y militares de alto rango, el entonces Secretario de Defensa, Leon Panetta, impulsó la creación de una “comisión ética” para tratar de descubrir las razones de esta degradación de la fibra normal en el seno de las fuerzas armadas.

Los abusos sexuales, el permanente acoso, la excesiva indulgencia y la falta de controles sobre los altos mandos militares acostumbrados a inmensas cuotas de poder, se multiplicaron por doquier, creando serias dudas sobre la cultura ética y los valores morales de los generales de cuatro estrellas; esos héroes de guerra consumidos por el poder y derrotados por sus propios impulsos y flaquezas.

Aunque la información de este comité nunca se hizo pública, muchos ciudadanos tenían una idea clara de lo que había ocurrido con estos generales. Entre ellos el director de la CIA, David Petraeus; el general, Jeffrey Sinclair, responsable de una división aerotransportada en Afganistán y el general, James Johnson, comandante de la 173 Brigada Aerotransportada.

Para una inmensa mayoría, los casos de estos militares embriagados de poder y egos insuflados era una historia tan vieja como la historia misma de las fuerzas armadas y su tóxica confluencia con el poder político.

¿Veremos más casos de ex militares embriagados de poder que incurrirán en abusos en temas tan sensibles como el de la seguridad nacional y los derechos humanos de millones de indocumentados?


Sólo el tiempo nos lo dirá…

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