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J. Jaime Hernández
Desde su campaña por la presidencia, Donald Trump no ha dejado de sorprendernos con esa narrativa infecta de odio racista y comentarios derogatorios hacia México y su comunidad inmigrante en Estados Unidos.
Desde su campaña por la presidencia, Donald Trump no ha dejado de sorprendernos con esa narrativa infecta de odio racista y comentarios derogatorios hacia México y su comunidad inmigrante en Estados Unidos.
Es lo que, en palabras de una de sus principales asesoras, Kellyanne
Conway, ha definido como “los hechos alternos”. Es decir, la otra realidad que
Trump ha sabido explotar en beneficio de su cruzada contra las minorías y para
agitar, con sorprendentes resultados electorales, a las fuerzas vivas del
conservadurismo y sacar a flote los peores instintos del hombre blanco y poco
educado.
Pero, también para resucitar los viejos demonios del Klu Kux Klan y los
neonazistas, en esa tierra del nunca jamás para la era post racial.
Hoy, cuando muchos viven pendientes del proceso de renegociación del
TLCAN entre México, Estados Unidos y Canadá, Trump ha decidido que necesita
lanzarse nuevamente contra sus socios y vecinos mexicanos:
“En lo personal, no creo que podamos llegar a un acuerdo (con México)
con el TLCAN porque se han aprovechado mucho de EU. Así es que, llegado a un
punto, creo que liquidaremos el TLCAN”, dijo Donald Trump durante el discurso
que lanzó desde Phoenix, Arizona, para tratar de azuzar y acorralar nuevamente
al gobierno de México.
A las pocas horas, el Secretario de Relaciones Exteriores, Luis de
Videgaray, se vio obligado a echar mano de los medios para tratar de quitar hierro
al asunto. Para reducirlo todo a una mera triquiñuela de Trump.
“Lo que estamos viendo con mucha nitidez es una estrategia de
negociación en la que un hombre que lleva toda la vida negociando con un estilo
muy peculiar, un estilo sin duda agresivo, incluso escribe un libro al
respecto, sobre cómo se debe negociar. Creo que esto no es una sorpresa, lo
hemos escuchado durante muchos meses”, dijo Videgaray en una entrevista.
El objetivo de Videgaray, ha sido el de tranquilizar al personal. Sobre
todo al siempre quisquilloso mercado bursátil. Y, al mismo tiempo, lanzar un
mensaje a la Casa Blanca:
Algo así como: a otro perro con ese hueso. Nosotros ya conocemos las tácticas
del señor Trump.
De un tiempo acá, los funcionarios del más alto nivel en el gobierno de
México se han convertido en habilidosos intérpretes de las tácticas y hasta del
lenguaje del presidente de Estados Unidos.
En cierto sentido, se han convertido en expertos conocedores del
universo paralelo de Donald Trump.
Pero, para alcanzar ese nivel de expertise, los integrantes del
gobierno de México, incluyendo a su presidente, se han dejado muchos pelos en
la gatera. Han sufrido en carne propia la humillación de un personaje
acostumbrado a insultar y a tratar como piltrafas a sus interlocutores.
Ahí esta el perturbador contenido de la conversación telefónica con el
presidente de México el pasado 27 de enero, cuando le ofreció ayuda militar
para eliminar a los carteles de la droga y, de paso, le echó en cara el no
haber hecho “un buen trabajo” en ese terreno.
El problema, incluso para el más experto conocedor de los trucos de
Donald Trump, es la continua tendencia del presidente de EU a insultar, mentir
y a embestir. A tal grado que no pocos en el seno de la comunidad de
inteligencia y del partido republicano han comenzado a poner en entredicho su
salud mental.
Bob Corker, senador republicano por Tennessee, y una de las voces más
ponderadas en el Congreso, ha puesto en duda “la estabilidad (emocional) y la
competencia (mental)” de Donald Trump para garantizar una gestión exitosa de su
presidencia.
Mitch McConnel, el líder de la mayoría republicana en el Senado, ha
llegado al extremo de sugerir que Trump será incluso incapaz de “salvar” su
presidencia.
Y, en las últimas horas, el ex director de la Agencia Nacional de
Inteligencia, James Clapper, ha llegado a definir la actual situación como un
estado de “crisis” permanente en donde ha quedado en evidencia la incapacidad
de Donald Trump para seguir en la oficina oval de la Casa Blanca:
Encuentro esta situación "muy aterradora y preocupante… Realmente
cuestiono su aptitud para estar en esa oficina, y también estoy empezando a
preguntarme sobre sus motivaciones … tal vez él está buscando una salida”,
aseguró Clapper en una entrevista con la cadena CNN.
Aunado a ello, Donald Trump enfrenta un otoño incierto.
La investigación en curso para determinar si, acaso, hubo colusión entre
su campaña y Vladimir Putin. Su fracasado plan para derogar la ley de salud de
Barack Obama y la falta de apoyos en el Senado para sacar adelante su
iniciativa para financiar y construir el Muro fronterizo con México, lo han
convertido en una bomba de relojería.
En este contexto, México se podría convertir en el chivo expiatorio de
Donald Trump durante el arduo e incierto proceso de renegociación del TLCAN. Un
proceso que apenas comienza y en el que el representante de EU, Robert
Lighthizer, ya ha dejado en claro que no piensa ceder un palmo a la hora de
exigir a México mayores concesiones, particularmente, en el espinoso tema de
las reglas de origen.
¿En este ambiente de animosidad y creciente urgencia de Donald Trump por
un éxito de su presidencia, los profesionales de la diplomacia serán capaces de
salvar al TLCAN?
¿O asistiremos a un arrebato más de Donald Tump para liquidar de una vez
por todas el polémico acuerdo, en medio de una desesperada huída para salvar su
presidencia?
Sólo el tiempo lo dirá. Y sospecho que ni los más habilidosos
interpretes de Donald Trump son capaces hoy de asomarse a la cabeza del
presidente de EU para conocer la respuesta.

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