lunes, 25 de julio de 2016

El asalto contra Donald Trump desde México



Ultimamente, Donald Trump no deja de bromear con supuestas tramas de conspiración orquestadas en su contra desde México para atacarle o borrarlo de la faz de la tierra por sus afrentas e insultos contra la comunidad inmigrante de origen mexicano.

Como el pasado 30 de junio cuando, durante un acto de campaña desde Manchester, New Hampshire, aprovechó el paso de un avión que surcaba los cielos para decirles a sus simpatizantes: “parece ser un avión mexicano que se prepara para atacarme”.

Esta anécdota vino a mi mente cuando, apenas la semana pasada, leí el titular del diario El País en su edición América: “México se convierte en grupo de presión en EEUU ante Trump”. Casi inmediatamente lo enmarqué mentalmente y lo puse en el muro de titulares extravagantes.

Por un extraño proceso de asociación, me acordé de aquella frase que Donald Trump hizo famosa en su libro The Art of the Deal (El arte de la negociación):

“Juego con las fantasías de la gente. Un poco de hipérbole (o exageración) nunca hace daño. La gente quiere creer que algo, o alguien, es de lo más grandioso”.

En este caso, el gobierno de México al que, distintos medios de comunicación, han intentado hacer pasar —de forma voluntaria o involuntaria—, por un gigante de la diplomacia. Por un poderoso cabildero dentro de Estados Unidos. Por un  gobierno con la mano muy larga y con las fuerzas sobradas para liderar, entre la clase política y la sociedad civil de Estados Unidos, un frente común contra Donald Trump y evitar así a toda costa que gane las elecciones de noviembre próximo.

¿Debería ponerse a temblar el candidato republicano ante estos planes del gobierno de México contra su candidatura?. ¿Debería la campaña de Hillary Clinton contratar a los genios del gobierno de México y hacer suyo su plan para cerrarle el paso a su adversario republicano?.

El sólo pensar que el gobierno de México será capaz de torcer la voluntad de millones de electores el próximo mes de noviembre, o de influir en uno de los procesos electorales más inciertos en la historia reciente de EU,  es una invitación al sarcasmo.

En ese universo paralelo que ha conseguido crear Donald Trump en torno a su figura, últimamente no es infrecuente toparnos con ejemplos de ilusos o de oportunistas que han encontrado en Trump la mejor forma de subirse al carro de la notoriedad, o de la trascendencia.

O simple y sencillamente, para tratar de cambiar la conversación y el foco de atención de asuntos más preocupantes en México.

Ahí tenemos el ejemplo del ex presidente, Vicente Fox, quien no dudó en subirse al ring para presentarse como el campeón de los inmigrantes y los mexicanos contra Donald Trump luego de que éste los retratara como criminales, violadores y traficantes de drogas.

También tenemos el caso de quienes, incluso, han llegado a escribir libros para “Frenar a Trump”. O quienes han sugerido campañas anti Trump que les permitirán abonar el terreno de sus aspiraciones presidenciales como independientes en el 2018.

En muchos sentidos, Trump ha conseguido crear una economía de mercado y de expectativas políticas. Un agujero negro que se alimenta de los miedos, de los odios enconados, de la ambición desmedida, del oportunismo craso y de las frustraciones de quienes ven en él la mejor oportunidad para escapar de los pésimos índices de popularidad o para distraer la atención de aquellos escándalos que los han colocado en la lista negra de naciones que violan los Derechos Humanos.

En este sentido, Trump también se ha convertido para el gobierno de México en un formidable pararrayos que pretende utilizar para tratar de escapar de las muchas tormentas que le persiguen últimamente.

Ahí tenemos la tragedia de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa. Ahí está la crisis irresuelta con la CNTE y la pésima forma en que se ha consensuado e implementado una reforma educativa que hoy da tumbos, entre muestras de impericia política, actos de represión y violencia.

Por cierto, ambos asuntos no fueron abordados durante la reciente rueda de prensa de Obama y Enrique Peña Nieto en la Casa Blanca.

Recientemente, Ginger Thompson, ex corresponsal de The New York Times en México, escribió  una columna bajo el sugerente título de “México su peor enemigo”. Su texto habla del ambiente generado en México país por el llamado fenómeno Trump y por la forma en que el gobierno mexicano ha decidido abordarlo desde el frente diplomático para contrarrestar la amenaza que ha llegado con el candidato republicano:

“Los funcionarios gubernamentales (en México) parecen más preocupados por las declaraciones  rimbombantes de Trump sobre el país y sus ciudadanos, como su referencia que identificaba a los mexicanos como “violadores”. Estas declaraciones son, por supuesto, infundadas y ofensivas. Pero ¿cómo puede mejorar la imagen de México cuando sus líderes no pueden demostrar algo de compromiso para terminar con los abusos y la impunidad que preocupan tanto a sus propios ciudadanos?”.

Auch!!!

  

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