Ultimamente,
Donald Trump no deja de bromear con supuestas tramas de conspiración
orquestadas en su contra desde México para atacarle o borrarlo de la faz de la
tierra por sus afrentas e insultos contra la comunidad inmigrante de origen
mexicano.
Como
el pasado 30 de junio cuando, durante un acto de campaña desde Manchester, New
Hampshire, aprovechó el paso de un avión que surcaba los cielos para decirles a
sus simpatizantes: “parece ser un avión mexicano que se prepara para atacarme”.
Esta
anécdota vino a mi mente cuando, apenas la semana pasada, leí el titular del
diario El País en su edición América: “México se convierte en grupo de presión
en EEUU ante Trump”. Casi inmediatamente lo enmarqué mentalmente y lo puse en
el muro de titulares extravagantes.
Por
un extraño proceso de asociación, me acordé de aquella frase que Donald Trump
hizo famosa en su libro The Art of the Deal (El arte de la negociación):
“Juego
con las fantasías de la gente. Un poco de hipérbole (o exageración) nunca hace
daño. La gente quiere creer que algo, o alguien, es de lo más grandioso”.
En
este caso, el gobierno de México al que, distintos medios de comunicación, han
intentado hacer pasar —de forma voluntaria o involuntaria—, por un gigante de
la diplomacia. Por un poderoso cabildero dentro de Estados Unidos. Por un gobierno con la mano muy larga y con las
fuerzas sobradas para liderar, entre la clase política y la sociedad civil de
Estados Unidos, un frente común contra Donald Trump y evitar así a toda costa
que gane las elecciones de noviembre próximo.
¿Debería
ponerse a temblar el candidato republicano ante estos planes del gobierno de
México contra su candidatura?. ¿Debería la campaña de Hillary Clinton contratar
a los genios del gobierno de México y hacer suyo su plan para cerrarle el paso
a su adversario republicano?.
El
sólo pensar que el gobierno de México será capaz de torcer la voluntad de
millones de electores el próximo mes de noviembre, o de influir en uno de los
procesos electorales más inciertos en la historia reciente de EU, es una invitación al sarcasmo.
En
ese universo paralelo que ha conseguido crear Donald Trump en torno a su
figura, últimamente no es infrecuente toparnos con ejemplos de ilusos o de
oportunistas que han encontrado en Trump la mejor forma de subirse al carro de
la notoriedad, o de la trascendencia.
O
simple y sencillamente, para tratar de cambiar la conversación y el foco de
atención de asuntos más preocupantes en México.
Ahí
tenemos el ejemplo del ex presidente, Vicente Fox, quien no dudó en subirse al
ring para presentarse como el campeón de los inmigrantes y los mexicanos contra
Donald Trump luego de que éste los retratara como criminales, violadores y
traficantes de drogas.
También
tenemos el caso de quienes, incluso, han llegado a escribir libros para “Frenar
a Trump”. O quienes han sugerido campañas anti Trump que les permitirán abonar
el terreno de sus aspiraciones presidenciales como independientes en el 2018.
En
muchos sentidos, Trump ha conseguido crear una economía de mercado y de
expectativas políticas. Un agujero negro que se alimenta de los miedos, de los
odios enconados, de la ambición desmedida, del oportunismo craso y de las
frustraciones de quienes ven en él la mejor oportunidad para escapar de los
pésimos índices de popularidad o para distraer la atención de aquellos
escándalos que los han colocado en la lista negra de naciones que violan los
Derechos Humanos.
En
este sentido, Trump también se ha convertido para el gobierno de México en un
formidable pararrayos que pretende utilizar para tratar de escapar de las
muchas tormentas que le persiguen últimamente.
Ahí
tenemos la tragedia de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa. Ahí está
la crisis irresuelta con la CNTE y la pésima forma en que se ha consensuado e
implementado una reforma educativa que hoy da tumbos, entre muestras de
impericia política, actos de represión y violencia.
Por
cierto, ambos asuntos no fueron abordados durante la reciente rueda de prensa
de Obama y Enrique Peña Nieto en la Casa Blanca.
Recientemente,
Ginger Thompson, ex corresponsal de The New York Times en México, escribió una columna bajo el sugerente título de
“México su peor enemigo”. Su texto habla del ambiente generado en México país por
el llamado fenómeno Trump y por la forma en que el gobierno mexicano ha
decidido abordarlo desde el frente diplomático para contrarrestar la amenaza
que ha llegado con el candidato republicano:
“Los
funcionarios gubernamentales (en México) parecen más preocupados por las
declaraciones rimbombantes de Trump
sobre el país y sus ciudadanos, como su referencia que identificaba a los
mexicanos como “violadores”. Estas declaraciones son, por supuesto, infundadas
y ofensivas. Pero ¿cómo puede mejorar la imagen de México cuando sus líderes no
pueden demostrar algo de compromiso para terminar con los abusos y la impunidad
que preocupan tanto a sus propios ciudadanos?”.
Auch!!!

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