lunes, 27 de junio de 2016

Todos los caminos llevan a las elecciones de noviembre próximo

LA ELECCION DE UN CANDIDATO PRESIDENCIAL A ESCALA PLANETARIA


                                                                                                                                   Foto AFP

Siempre que se avecina una elección presidencial en Estados Unidos, el mundo observa atento  la evolución de un proceso del que casi nadie puede declararse ajeno.

Entre otras cosas porque, del voto que sufragarán millones de ciudadanos en Estados Unidos en noviembre próximo, dependerá no sólo la reformulación de su política de seguridad interna o su política migratoria, sino el futuro de una política exterior que influirá o impactará en la vida de millones en todo el mundo.

Por ello, cuando uno habla de un candidato a la presidencia en Estados Unidos, lo hace necesariamente de un candidato a escala global. No es lo mismo, por ejemplo, imaginar la suerte que correría la política exterior de Washington en Oriente Medio, bajo un personaje de vena explosiva como Donald Trump, o barruntar el futuro de la política bilateral entre Estados Unidos y México bajo la eventual presidencia de Hillary Clinton.

Como botón de muestra, la promesa de Donald Trump de revisar la política migratoria para vetar el ingreso de musulmanes a EU. O su empeño en ampliar el muro fronterizo que, según ha remachado durante sus actos de campaña, será financiado por el gobierno de México.

Durante las elecciones presidenciales de 2012, cuando Barack Obama luchaba por la reelección en el cargo, la cadena británica BBC realizó un interesante ejercicio de auscultación global para conocer las preferencias de millones de ciudadanos en 21 naciones, México entre ellas.

En ese sondeo, la mayoría de los ciudadanos de 20 de entre 21 naciones elegidas se pronunciaron mayoritariamente a favor de la reelección de Obama y en contra de las aspiraciones del republicano, Mitt Romney, el ex gobernador de Massachussetts que al final fracasó en el intento.

Por cierto, en aquel entonces error que costó a Mitt Romney el abandono del electorado hispano y posiblemente la presidencia, fue proponer la “autodeportación” de millones de inmigrantes atizando un ambiente de odio racista y persecución.

Cuatro años más tarde, y sin necesidad de recurrir a un sondeo para imaginar cómo votarían (si pudieran) los ciudadanos de todo el mundo en las próximas elecciones en EU, el rechazo internacional hacia Donald Trump es más que evidente en países como México, donde sus ataques contra la comunidad inmigrante de origen mexicano lo han reducido a su condición de piñata que recibe palos por doquier, una forma de exorcizar al “demonio blanco” que se reproduce lo mismo en los barrios de México, que en los del Este de Los Angeles o Chicago.

En distintos países de la Unión Europea, o en la totalidad de naciones que comulgan con la fe musulmana, sus índices de impopularidad podrían rivalizar con los de Adolf Hitler tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

En muchos sentidos Donald Trump se ha convertido en el candidato presidencial más temido y repudiado por la comunidad internacional en la historia de Estados Unidos.
Según la encuesta realizada en mayo pasado por la organización YouGov en Alemania, Canadá, Francia, Japón, México y el Reino Unido, el 78% de los entrevistados “odia” o “repudia” a Donald Trump.
Además, todos ellos coinciden en señalar que, bajo una hipotética presidencia del magnate, “el mundo estaría menos seguro”.

Por ello mismo, para millones de ciudadanos en todo el mundo, el actual proceso electoral en Estados Unidos va más allá de sus fronteras. Y a pesar de que ningún extranjero tiene derecho a votar en la Unión Americana,  el miedo a Donald Trump podría encontrar en noviembre próximo una amplia resonancia entre esos ciudadanos que forman parte de ese oleaje migratorio multigeneracional que ha llegado a EU para conquistar su derecho como ciudadanos y hacerlo valer en las urnas.

Independientemente de los resultados que arrojen las urnas, las elecciones presidenciales de noviembre próximo permitirán establecer un diagnóstico más preciso sobre el estado de salud de una democracia que hoy se encuentra bajo el asalto de un movimiento que se nutre del miedo a lo incierto, del rechazo al imparable proceso globalización y que ha sido aprovechado por un populista de corte neo fascista como Donald Trump para tratar de frenar o revertir lo que se antoja inevitable.

Para tratar de hacer retroceder las manecillas del reloj que hace 8 años impulsó la presidencia de Barack Obama con un cambio de paisaje demográfico que hoy aterra al hombre blanco y conservador.


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