J. Jaime Hernández
Donald Trump siempre ha presumido de su pasado como estrella de la
televisión.
Lo que pocos alcanzaban a barruntar era el deseo (quizá lo más correcto
sería decir obsesión) del actual
presidente de Estados Unidos de convertir a la Casa Blanca en un escaparate de
su continuo show del caos y el esperpento.
En lo que fue su primera reunión de gabinete en 2018, Trump arrancó su
jornada con un inusual “bienvenidos de nuevo al estudio de televisión” a los
periodistas que integraban el pool de cobertura en la Casa Blanca.
Se trataba de su primera reunión de gabinete de 2018. Un acto que Trump
aprovechó para asegurar que “nunca antes un encuentro en la Casa Blanca” —para
debatir el futuro de millones de inmigrantes y de los llamados dreamers— había
despertado tanto entusiasmo:
“Ayer, tuvimos una reunión bipartidista con los miembros de la Cámara y
los senadores sobre la reforma migratoria… Y fue una reunión tremenda. En
realidad, fue presentada por los medios como algo increíblemente fabuloso. Lo
mismo que mi desempeño (como presidente)”, dijo Trump en un mensaje que se
concentró más en la forma que en el contenido.
Lo que no mencionó Trump fue el estado de desconcierto que dejó tras su
errabunda participación en un cónclave dedicado exclusivamente a debatir el
futuro de los dreamers y de los más de 11 millones de indocumentados que han
sido tratados como criminales por su administración.
Medios como la cadena CNN y The New York Times dedicaron gran parte de
sus espacios para tratar de descifrar la ceremonia de la confusión que encabezó
Donald Trump el pasado martes cuando el presidente insinuó, en primera
instancia, que estaba a favor de garantizar el futuro de los dreamers sin pedir
a cambio la construcción del Muro fronterizo.
Es decir, apoyar la aprobación de una “iniciativa limpia” y libre de
condicionantes, tal y como se lo solicitó durante el encuentro la senadora
demócrata por California, Dianne Feinstein.
Y debatir en una segunda fase, y como parte de esa secuencia propuesta
por Feinstein, la legalización de más de 11 millones de inmigrantes sin
papeles.
Los pronunciamientos contradictorios de Donald Trump desataron una
tormenta entre su base más extremista que le acusó de traidor por insinuar la
posibilidad de una “amnistía” a favor de los dreamers.
La airada reacción de la base de Trump obligó a la Casa Blanca a
“borrar” de la transcripción oficial, el momento en que el presidente se mostró
dispuesto a aceptar la propuesta de una “iniciativa limpia” para resolver la
situación de los dreamers.
El intento, sin embargo, resultó fallido ya que la mayoría de los
periodistas y medios presentes en el evento se encargaron de resaltar
precisamente lo que en un primer momento parecía un drástico giro del presidente.
Entre las filas demócratas el desconcierto rivalizaba con un
descreimiento a la medida de los rumores que han hablado insistentemente sobre
la incapacidad de Trump para entender la complejidad de un tema como el
migratorio.
Un día después, ante la confusión y en vista de la rabiosa reacción de
su base más extremista, el presidente Trump se vio obligado a esclarecer lo
que, desde su punto de vista (y posiblemente después de una regañina de
asesores antinmigrantes como Stephen Miller), se había acordado en el cónclave
entre demócratas y republicanos para tratar de encontrar terreno común en el
frente migratorio:
“Lo que acordamos buscar ayer fue en negociar las cuatro áreas
principales de reforma: asegurar nuestra frontera, incluido, por supuesto, el
muro, que siempre se ha incluido, nunca cambió.
“Además hablamos terminar la migración de cadena (es decir el principio
de reagrupación familiar); cancelar la lotería de visas; y abordar el estado de
la población de DACA”, se limitó a señalar Trump para cerrar la puerta a la
posibilidad de un acuerdo en el apremiante caso de los dreamers sin obtener a
cambio sus 18 mil millones para el muro, además de drásticos cambios a la
política de reagrupación familiar y la lotería de visas.
En resumen, en el lapso de menos de 24 horas, Donald Trump nos ofreció
un recital de pronunciamientos contradictorios. Un show que sólo ha generado
más confusión sobre el futuro de los dreamers y las condiciones que
prevalecerán en un debate más a fondo sobre la necesidad de una reforma
migratoria comprensiva.
Por fortuna, el juez William Alsup, del Tribunal de Distrito de los
Estados Unidos con sede en San Francisco, decidió dar un paso al frente con una
resolución que obligará a la administración Trump mantener vigente el programa
de Acción Diferida para Llegados en la Infancia (DACA).
La decisión de Alsup, considerada como “indignante” por la Casa Blanca,
ha conseguido introducir algo de realismo y sensatez a un debate en el que Donald
Trump y el liderazgo del partido republicano intentarán seguir explotando con fines electorales,
banalizando la suerte de millones de inmigrantes como si se tratara de un show
de televisión.

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